lunes, 8 de junio de 2026

El "Mago de las Tijeras" y el orgullo Cortijero: Anécdota de una Cruz de Mayo con aroma merideño

Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño

Por: Germán D' Jesús Cerrada

​El 3 de mayo es una fecha de honda significación en el calendario de nuestras tradiciones; la Cruz de Mayo se venera en casi cada rincón de Venezuela y sus formas de celebración son tan diversas como nuestra propia geografía. 

Hace ya unos cuantos años, encontrándome en Caracas en compañía de mi amada esposa Isbelia, recibimos una gentil y muy formal invitación de los consecuentes amigos de la Peña Taurina Cortijera. 

El motivo no era otro que acompañarlos a la gran gala de la Cruz de Mayo en las distinguidas instalaciones del Club Los Cortijos.

​A los integrantes de aquella peña los unía con nosotros una gratitud entrañable. En Mérida los habíamos atendido con los más altos honores de la hospitalidad andina, tanto en los meses previos a la histórica inauguración de nuestra Plaza Monumental Román Eduardo Sandia, como durante las III Ferias de la Inmaculada y aquellas primeras e inolvidables Ferias del Sol. 

Varios de los miembros de la Cortijera eran apasionados aficionados prácticos; más de una vez los vimos derrochar valor y torería en el ruedo de la coqueta placita de toros del club, ataviados con impecable traje campero y sombrero cordobés, manejando capotes y muletas para plantarle cara a novillos media sangre de las dehesas del centro del país.

​Para la noche de la velada, los invitados merideños nos vestimos con riguroso traje formal. Cuál no sería nuestra mayúscula y grata sorpresa al cruzar el umbral del salón: la gran mayoría de los socios del Club Los Cortijos lucían con gallardía el tradicional liquiliqui, mientras las damas portaban vistosas faldas amplias con motivos criollos, transformando el recinto en un hermoso altar a la venezolanidad.

​Nos ubicamos en nuestra mesa para compartir con la plana mayor de la Peña Taurina Cortijera, casi todos convertidos en perfectos caballeros de la estampa nacional. En medio de los brindis y la camaradería, el recordado presidente del club, el Dr. Mario Angulo Mata, se me acercó con una sonrisa de complicidad y, señalando su impecable atuendo, me soltó a bocajarro:
​—"Álvaro, todos los que estamos aquí de liquiliqui tenemos una deuda impagable de gratitud contigo. Seguimos al pie de la letra tu sugerencia cuando fuimos a Mérida: pasamos por la Sastrería Hispana de José Miguel Dávila, el célebre 'Mago de las Tijeras', y nos mandamos a confeccionar estas prendas. 

En esta fiesta somos legión los que vestimos el traje criollo, pero te aseguro que ninguno tiene la prestancia, el corte ni el nivel de los que nos hicieron en la tierra de las dehesas andinas".

​Aquel picante elogio al genio de la costura merideña encendió el orgullo de nuestra mesa. 

Entre las finas atenciones de los amigos cortijeros, el chocar de las copas y el compás inconfundible de la Billo's Caracas Boys —que ponía a vibrar la noche caraqueña— pasamos una velada sencillamente espléndida.

​A miles de kilómetros de allí, en su pulcro taller de Mérida, nuestro buen amigo José Miguel Dávila hilaba sus jornadas sin imaginarse siquiera que la crema y nata de la afición cortijera se paseaba con el pecho henchido de orgullo, exhibiendo la elegancia de aquel traje típico que sus manos consagraron y que hoy, lamentablemente, muy pocos se atreven a lucir con el empaque de aquellos tiempos.

No hay comentarios: