lunes, 15 de junio de 2026

EL PICADOR DE CÉSAR GIRÓN

                         
Fue verme ante el sombrero castoreño andaluz qué Rigoberro Bolivar me obsequió en Rubio y de narrarne los pasos vividos junto al inmenso César Girón en Madrid, Sevilla, Barcelona  y hasta la Insurgente de Ciudad de México. De San Cristóbal del Café a Mérida de "Las Cinco Aguilas  Blancas", hasta Bogotá de la Santa Maria.              

Habiendo visto al notable picador de las monumentales del mundo entre las imágenes casi del Quijote de la mancha a los caminos de las bravura de los  toros desde los sementales  de los Domec hasta Don Victorino  Valencia de los Ríos como de los templos a los Molinos del viento.        Como si existieran las plegarias del fuego o " la Vara Rota" del neoclásico Pintor Arturo  Michelena hasta la solemnidad de Joaquín de Sorolla. De saber entender a los picadores pintados por Diego Rivera y acercarnos a la leyenda   del Rosario  con diamantes que Ava Gatner le regaló a César Girón en Pamplona en los días Navarros de los San Fermines, donde lo describió de locuras Ernest Heminwey junto a los pañuelos rojos.                  
Habia que escuchar al mulato picador de Maracay y vestir en Rigoberro Bolivar  los sustos de las multitudes en las grandes suertes de Varas.                   

Lo viví y lo senti desde  San Sebastián hasta las Ventas, de Alicante a la hermosa Ciudad Condal de los catalanes.           

Los años pasaron corriendo los recuerdos y un día en el  interesante encarte del Diario de La Nación qué dirigía el maestro y periodista Víctor Matos, le escribi una meditación al picador  Bolivar.               

Era sentir las ceremonias del caballero ante la fuerza brava del toro. 

La publicación llenó los  comentarios del hombre testigo de las ferias del mundo y convertido en oficinista de cedulaciones en la ciudad pontalida.
                    
Más una mañana fui a la Policlinica Táchira de San Cristobal  y en el  restaurante de este centro de médicos en una mesa, rodeado de amigos y de su esposa Rigoberto Bolivar mostraba la página de mi escrito al noble picador de los grandes maestros y mostrando la lectura; se sentía el más grande del mundo.                 

Yo,  observé el acto y sin dejarme ver me fui del lugar. Era una manifestación de orgullo taurino del personaje de las multitudes.                       
...Volvi ayer a cada recuerdo...         
Néstor Melani Orozco. :Artista Nacional.               Maestro Honorario.         Presidente de la Comisión Taurina de La Grita del Táchira.                Doctor en Arte.                   *Cronista del Municipio Jáuregui.

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