De la nada a la historia perenne
Don Pedro Pineda acompaña a Cesar Girón la tarde de su debut en traje de luces en Maracay con Moreno Sánchez.
Jesús Ramírez "El Tato"
Hace 93 años este 13 de junio, Caracas abría su sol y su cielo a un venezolano de temple y guáramo, de nervio y vida, que supo amalgamar con coraje y decisión, cualidades y defectos, para su formación de gran figura americana del toreo de todos los tiempos, César Antonio Girón Díaz, que se impuso en el orbe taurino como César Girón.
Desde la natal Roca Tarpeya de de Caracas, el viaje familiar se trajo a César a Maracay buscando mejores horizontes.
César debutó en Madrid con este curioso vendaje, ya que tres días antes había recibido una paliza de una vaca de Cobaleda
Pasando fatigas para el sustento, César tuvo inicios jugando béisbol, practicando ciclismo y hasta boxeo, donde era temido por los rivales de barrio, hasta que se decantó por el toreo cuando vió alternar a Carlos Arruza y Manolete en la maestranza aragueña, donde recorría los tendidos vendiendo refrescos.
Allí mismo se tiró de espontáneo en una becerrada en la que toreaba una cuadrilla de niños mexicanos, intentando emular al que siempre sería su ídolo, su modelo, el "Ciclón" mexicano Carlos Arruza.
Nunca desvió César el camino que le conduciría con su casta de triunfador, a los más importantes escenarios del mundo. Para ello siguió la senda recta de la seriedad profesional, sin claudicaciones, superando dificultades en la difícil etapa novilleril, y luego pisando fuerte, con dignidad y orgullo, sin achicarse ante los tropiezos ni ante los más encumbrados alternantes, imponiendose a golpe de corazón, cuando la soberbia hizo falta para no dejar pisar el terreno conquistado.
César sabía lo que valía, supo hacerse respetar y respetó su categoría, para situarse con mérito justo y cabal entre las auténticas figuras del toreo, y retirandose en plenitud de condiciones por capricho personal, para regresar cuando quiso, con mayor aceptación de los aficionados.
Hoy lo recordamos sin fríos números ni estadísticas, sino con los recuerdos conmemorativos de su grandeza torera y como venezolano cabal.
Día propicio para la exhaltacion merecida al figurón caído de manera absurda hace ya tiempo suficiente, como para seguir contemplando su gloriosa trayectoria sin la ofuscacion del suceso trágico, sino aquilatando mejor a quien surgió sin ayuda extraña y que una fría y oscura noche, se fué sin testigos, se perdió en la, nada, pero resurgiendo y perennizando en letra indeleble los hechos cumplidos en triunfo.
En lo alto de la gloria, en su huella impar, César Girón sigue perenne en lo alto de su historia, que es la historia fundamental de la fiesta brava venezolana exhaltada en Maracay con el nombre de la plaza de sus sueños e inicios. Plaza de Toros "César Girón" Maestranza de Maracay, para siempre
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