CÁPSULAS MUNDIALISTAS
Por Germán D' Jesús Cerrada
Bajo el ritmo del inolvidable himno "Un'estate italiana", la Copa del Mundo regresó a Italia en 1990.
Fue un torneo de máxima tensión táctica, pocos goles y muchísima emoción desde el punto de penal.
Mientras los locales soñaban con su fiesta, un equipo africano rompió todos los moldes y un invitado inesperado se convirtió en el héroe de la fanaticada italiana.
La gran sorpresa del torneo fue la selección de Camerún. En el partido inaugural derrotaron a la campeona vigente, Argentina, y avanzaron hasta cuartos de final (la primera vez para un equipo africano). Su gran estrella fue Roger Milla, quien a sus 38 años anotó cuatro goles.
Cada anotación la celebraba con un icónico y alegre baile de caderas frente al banderín de esquina que enamoró al mundo entero.
Italia tenía preparados a sus grandes delanteros, pero la gloria se la llevó Salvatore 'Totò' Schillaci. Schillaci llegó al torneo casi como un desconocido de la banca, pero terminó ganándose la titularidad a base de goles cruciales. Se consagró como el máximo goleador (6 tantos) y mejor jugador del torneo, convirtiendo sus ojos abiertos de par en par en la celebración de cada gol en la imagen viva de las "Noches Mágicas".
La revancha alemana y las lágrimas del Diez: La final en el Estadio Olímpico de Roma repitió a los mismos protagonistas de 1986: Argentina y Alemania Occidental.
El partido se decidió por un polémico penalti a favor de los alemanes en el minuto 85, cobrado magistralmente por Andreas Brehme.
Alemania se coronó tricampeona, dejando la imagen histórica de un Diego Maradona llorando desconsolado en el podio con la medalla de plata.
El Dato Curioso: Este fue el último Mundial donde el portero podía agarrar con las manos un pase con el pie de su propio compañero.
El juego defensivo y lento que provocaba esta norma hizo que la FIFA cambiara la regla de inmediato para el siguiente torneo, buscando un fútbol mucho más dinámico y ofensivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario