sábado, 6 de junio de 2026

Los inolvidables Interbarrios de fútbol: La gran obra deportiva de José Ricardo Matos “El Loco”

Por Germán D' Jesús Cerrada 

​Hay hombres que no necesitan de grandes despachos ni de honores oficiales para esculpir su nombre en la historia de un pueblo; les basta con la pasión, una pelota, una bicicleta y el amor infinito por su barriada. 

Ese fue José Ricardo Matos, el inolvidable “Loco Matos”, un tovareño de nacimiento que adoptó a Mérida en el corazón y se convirtió en el motor más vibrante, tierno y apasionado del deporte amateur de la región.

​Su andar deportivo comenzó con el brillo propio de los grandes atletas de la década de los cincuenta. 

Destacó con fuerza en el ciclismo, el atletismo y el motociclismo, demostrando una versatilidad asombrosa. Su amor por las dos ruedas fue tal que el 4 de junio de 1950 fundó la Asociación de Ciclismo. No conforme con ello, impartió justicia y orden en las canchas como árbitro de fútbol, voleibol y baloncesto, e incluso dejó su huella en las canchas de bolas criollas. 

En los años sesenta, recorrió las carreteras como entrenador y delegado, llevando el orgullo merideño a los Nacionales de Maratón en Caracas. 

Más tarde, formalizó su entrega desde la directiva de Asofútbol Merideña y, en los años ochenta, como presidente de la Liga Menor de Fútbol de Mérida.

Estadio Mérida 

La ciudad de​Mérida en ese tiempo solo tenía un estadio público, el recordado Estadio Mérida, y fue allí donde la magia cobró vida. En una época donde no abundaban las instalaciones, José Ricardo Matos hizo milagros con pura constancia; fue un animador natural que entendió que el deporte era, ante todo, una herramienta de vida y convivencia para los sectores populares. 

Su gesta más hermosa comenzó a latir con fuerza a finales de los cincuenta y se consagró en 1961 con la creación de los legendarios Campeonatos Interbarrios de fútbol.

​Ese único recinto público se transformó entonces en el epicentro de una fiesta de identidad local. Bajo la mirada entusiasta de Matos, las barriadas tradicionales de El Espejo, Campo de Oro, Milla, Barinitas, Pueblo Nuevo, La Otra Banda, Belén y Santa Juana se batían en duelos inolvidables que paralizaban a la ciudad. Por ese glorioso escenario, impulsados por la fe de José Ricardo, desfilaron jóvenes que luego serían leyendas del balompié y la crónica regional: figuras de la talla de Amenodoro Dugarte, Oscar Rivas Lamus, Carlos Enrique “El Flaco” Peña, Maximino “La Vaca” Calderón, “Quique” De Jesús Prieto, Eliecer Dávila, Ezio Cuevas, Miguel Ángel Valecillos, el inolvidable narrador Omar “Tury” Agüero, Publio Antonio “Toño” Ribas Ribas, “El Papa” Pulido, Wuilfrido Rojas, Gustavo Camargo y José Rolando “Coquí” Corredor Trejo, entre tantos otros que alimentaron el semillero del fútbol merideño antes de su era profesional.

​Aunque el tiempo no ha dejado una fecha exacta de su partida física, el eco de su silbato, el recuerdo de sus palabras de aliento y su andar incansable por las comunidades se niegan a desaparecer. 

José Ricardo Matos no se ha ido; su legado respira en cada rincón donde un niño patea un balón en la calle y en cada campeonato vecinal que celebra la vida. 

Mérida no olvida a su "Loco" tierno y visionario, el hombre que, con la pureza del deporte amateur, ayudó a darle forma al alma futbolística de toda una hermosa región.

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