Por: Germán D' Jesús Cerrada
Hoy, 12 de julio, el calendario marca una fecha especial: 85 años de vida de un hombre que ha hecho de la creatividad su bandera y de la amistad su mejor oficio.
Hablar de Carlos Páez Ortiz es hablar de un ícono de nuestra Mérida, pero sobre todo, es hablar del colega admirado, del músico que le canta a la vida y del amigo entrañable que siempre tiene una ocurrencia a flor de labios.
Aunque nació en Caracas en 1941, Carlos echó raíces profundas en estas tierras andinas, donde nos ha regalado, durante más de medio siglo, sus inigualables “Paezadas”.
¡Qué difícil sería imaginar nuestro día a día sin esa chispa suya!
Por eso, en Notiferias nos hemos encargado de mantener vivo su legado, rescatando y publicando sus creaciones de ayer que, sorprendentemente, no han perdido ni un ápice de vigencia, demostrando esa capacidad magistral de hacernos reflexionar sobre nuestra realidad con la elegancia que solo da la inteligencia.
Recuerdo con especial cariño sus inicios como “Churri” en el Gallo Pelón en 1967. Desde entonces, he tenido el privilegio de ver cómo su talento se desbordaba en tantas facetas: el periodista agudo, el caricaturista incansable, el músico sensible y el compositor que le regaló al país piezas tan queridas como “El Caraqueño” o "Chiguarera".
Su paso por los diarios La Nación y Frontera, y aquel rincón de calidez que fue su “Notijet”, no fueron solo trabajo; fueron espacios donde Carlos nos enseñó que el periodismo, ante todo, es un acto de humanidad y cercanía.
Carlos es, además, un libro viviente. Escucharlo rememorar sus entrevistas en el aeropuerto o sus andanzas junto a figuras como el padre Ignacio Villa y Libardo Jaramillo es viajar a una Mérida llena de anécdotas y nobleza.
Hoy, aunque el destino y la vida le han dado un merecido descanso al dibujo, su espíritu sigue siendo el mismo. En su casa de la urbanización Don Luis, en Ejido, el cuatro sigue siendo el compañero fiel en las tardes de bohemia y tertulia. Y cuando el día declina, sé que en la paz de su hogar, el orgullo de sus nietos y bisnietos le llena el alma de esa alegría que trasciende cualquier tiempo.
Aquel dicho suyo, “¡Moriré pelando bolas!”, no es más que la muestra de su desprendimiento y de su amor por una vida vivida con autenticidad, sin pretensiones, pero con una inmensa riqueza espiritual.
Querido Carlos, gracias por enseñarnos que el humor es la forma más valiente de enfrentar la vida. En Notiferias te llevamos presente, celebrando cada una de tus ocurrencias que siguen vivas entre nosotros.
¡Feliz cumpleaños, hermano! Que hoy la vida te abrace con la misma intensidad con la que tú nos has abrazado a todos con tu arte y tu eterna sonrisa.
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