viernes, 10 de julio de 2026

​El día que el Premio Nobel no pudo detener un partido de fútbol

​El miércoles 15 de octubre de 1986, los equipos de fútbol del laboratorio de IBM en Zúrich y de la corporación Dow Chemical debían enfrentarse en un partido de la liga empresarial local. 

En las filas de IBM militaban dos jugadores muy especiales: los científicos Gerd Binnig y Heinrich Rohrer. Apenas unas horas antes del pitazo inicial, una noticia inesperada sacudió el laboratorio y amenazó con descarrilar el encuentro: llegó la llamada oficial desde Estocolmo anunciando que ambos habían sido galardonados con el Premio Nobel de Física por la invención del Microscopio de Efecto Túnel, un aparato que permitió ver átomos individuales por primera vez en la historia.

​La sede de IBM se convirtió de inmediato en un hervidero de periodistas, fotógrafos y llamadas internacionale. 

Se convocó una rueda de prensa de emergencia para presentar a los nuevos héroes de la ciencia. Sin embargo, la organización se topó con una exigencia inusual de los galardonados: la conferencia de prensa tenía que terminar puntualmente porque su equipo de fútbol los necesitaba en la cancha. 

Insistieron tanto que los organizadores no tuvieron más remedio que agilizar las preguntas para que los físicos pudieran cambiarse e ir a jugar.

​Cumpliendo con su palabra, tras atender a los medios de comunicación, ambos científicos se pusieron las camisetas, los pantalones cortos y las botas de fútbol. La emblemática fotografía que inmortalizó este momento fue capturada esa misma tarde en el campo de juego. En ella se puede apreciar la autenticidad de la anécdotas: a la izquierda, luciendo barba y gafas, se encuentra Heinrich Rohrer levantando un ramo de flores de celebración con el uniforme puesto; a la derecha, Gerd Binnig alza también su ramo, posando junto al resto de sus compañeros frente a la red de la portería.

​Aunque el equipo de IBM contaba en la cancha con la mayor concentración de genialidad científica del planeta en ese momento, la defensa no logró contener los embates del rival. 

IBM terminó perdiendo el partido por 2-4 frente a Dow Chemical. Sin embargo, a nadie le importó el marcador. 

Al finalizar el encuentro, compañeros y rivales celebraron por igual compartiendo unas cervezas, transformando una derrota futbolística en una fiesta histórica donde Rohrer y Binnig demostraron una maravillosa humildad al priorizar un compromiso amateur sobre los rígidos protocolos del premio más importante del mundo.

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