Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño
Por: Germán D' Jesús Cerrada
En el mes de diciembre de 1968, Venezuela vivió una de las jornadas electorales más reñidas e intensas de su historia democrática, aquella que llevó por primera vez al Dr. Rafael Caldera a la Presidencia de la República.
Fue una campaña de pulso firme y corazones acelerados; Acción Democrática y su candidato, el respetado Dr. Gonzalo Barrios, desplegaron una maquinaria formidable que obligó a las fuerzas socialcristianas a emplearse a fondo.
Bajo la conducción nacional de una figura tan íntegra como el Dr. Pedro del Corral, el partido COPEI activó a sus comités regionales en una cruzada polifacética. Se hacía de todo para sumar voluntades: desde mítines multitudinarios y discretas reuniones en casas particulares, hasta jornadas intensas de inscripción electoral para los rezagados. Incluso se volvió parte del paisaje urbano la recolección de fondos con aquellas recordadas alcancías de plástico verde en forma de casitas, un guiño directo a la gran promesa del candidato de construir 100.000 viviendas por año.
Sin embargo, el verdadero cerebro programático de la campaña se diseñó en las altas esferas de la intelectualidad verde. La Dirección Nacional comisionó a tres de sus mentes más brillantes —los doctores Lorenzo Fernández, Arístides Calvani y Enrique Pérez Olivares— para que, junto a un cuerpo de tecnócratas y especialistas, dieran forma al PEX: el Programa Extraordinario de COPEI.
El PEX no era otra cosa que un ambicioso ciclo de conferencias de altísimo nivel dictadas en las capitales y ciudades clave del país. Su objetivo era audaz: desnudar y explicar con rigurosidad técnica los planes de gobierno de Rafael Caldera en caso de alcanzar la primera magistratura.
A mí me correspondió la alta responsabilidad de dirigir el PEX en Mérida. Hoy puedo decir, con profunda satisfacción, que nuestra seccional fue catalogada por la Dirección Nacional como la más organizada y la de mejores resultados en toda la República. El búnker del debate de ideas fue el Salón Albarregas del Hotel Prado Río, escenario que registró llenos totales en cada convocatoria.
El éxito radicó en que no nos encerramos en el partidismo; el programa estaba diseñado para seducir a los independientes y a ciudadanos de otras corrientes políticas.
Era un auténtico deleite ver sentados en el Salón Albarregas, escuchando con atención, a personalidades de la talla del Rector de la Universidad de Los Andes, el Dr. Pedro Rincón Gutiérrez, y al Secretario de la ULA, el Dr. Juan Luis Mora Wanloxten. Allí coincidían las respetables figuras de los doctores Pedro Pineda León y Massino Valeri (notable dirigente de URD); empresarios de la construcción de la talla de Pedro Grespan o el ingeniero Nerio Plazola Gilly; reconocidos comerciantes como Mario Peña Durán y César Guillén Calderón; universitarios como Jorge Francisco Rad Rached y Reinaldo Chalbaud Zerpa; y, por supuesto, la plana mayor del copeyanismo local: Germán Briceño Ferrigni, Carlos Febres Poveda, Luciano Noguera Mora y Edmundo Izarra.
El entusiasmo fue tal que el financiamiento, basado en contribuciones mensuales voluntarias, no solo cubrió con holgura los gastos del PEX, sino que generó un superávit. Con la debida autorización de la Dirección Regional, esos excedentes sirvieron para impulsar las agendas del Comité de Damas y del frente de Técnicos y Profesionales.
El desfile de ponentes mensuales fue magistral. El Dr. Godofredo González abrió los fuegos abordando el Desarrollo Regional; el Dr. José Román Duque Sánchez desmenuzó el tema de La Justicia; el Dr. Edecio La Riva Araujo expuso sobre Las Fuerzas Armadas, y el Dr. Eduardo Acosta Hermoso dictó cátedra con Política y Petróleo.
Cada tres meses, los directores del programa nos dábamos cita los sábados en la Casa Nacional de COPEI en Caracas, ubicada entonces entre las esquinas de Mercedes a Mijares, para evaluar el termómetro del PEX. Al término de las jornadas, el premio era un almuerzo en el emblemático e inolvidable Restaurante de los Hermanos Álvarez. Allí, entre el calor de una buena sopa de arvejas, un muchacho relleno y el almíbar del dulce de higos —en el que era, sin duda, uno de los mejores templos de la cocina criolla de la capital—, los Directores Regionales extendíamos la tertulia compartiendo las vivencias de nuestros estados.
La trascendencia del PEX fue tal que las ponencias se recopilaron en un libro publicado por una de las editoriales más prestigiosas de Caracas, agotándose la primera edición tan rápido que la imprenta tuvo que activar de inmediato una segunda tirada.
Ya con el Dr. Rafael Caldera despachando desde el Palacio de Miraflores, sostuve una reunión de evaluación con el Dr. Luis Alberto Machado, Secretario de la Presidencia de la República. Al balancear los resultados, llegamos a una conclusión tan honesta como realista: si bien la falta de mayoría parlamentaria en las cámaras legislativas impidió que el programa se ejecutara al cien por ciento, se había actuado con la mayor rectitud de intención.
El PEX cumplió su cometido histórico: elevó el debate electoral a niveles académicos y dejó impreso en el papel un faro programático para que las generaciones futuras de gobernantes pusieran en práctica el desarrollo del país.
1 comentario:
Fue una experiencia formidable! Gracias por recordarlo. Eran otros tiempos. Saludos cordiales!
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