Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño
Por: Germán D' Jesús Cerrada
Federico Pacheco Soublette fue un periodista de fuste que escribía en el diario El Nacional una columna denominada "El Recadero Municipal", donde trataba temas fundamentalmente relacionados con los problemas cotidianos de Caracas. Era muy agudo y buen observador y "donde ponía el ojo ponía la bala".
Así sucedió cuando, a la caída del gobierno de Pérez Jiménez, bautizó al científico y director del IVIC, el doctor Humberto Fernández Morán, como "El Brujo de Pipe", por haber aceptado ser Ministro de Educación de la dictadura en los últimos nueve días del régimen.
Fue tal el impacto de esta columna periodística y sus consecuencias, que al respetado científico no le quedó otra alternativa que salir del país para que se lo disputaran las más acreditadas universidades de Estados Unidos y de Europa, fuera candidato al Premio Nobel por su invento del bisturí de punta de diamante y al desarrollo del microscopio electrónico, y asesor del Programa Apolo de la NASA.
Pacheco Soublette, además de periodista, se desempeñaba como Jefe de Relaciones Públicas de Industrias Pampero que producía, entre otras marcas, el muy apreciado Ron Pampero.
Nuestro buen amigo Pierre Belmonte tenía el Chez Pierre, donde los muchachos universitarios de mi época no solo compartíamos cervezas y cubalibres, sino que también era lugar de encuentro entre los estudiantes de las diferentes Facultades. Un día lunes me llama Pierre y me dice que el jueves siguiente va a ir al Chez Pierre la Caravana Pampero, y que me ocupe de invitar a los clientes habituales del bar.
Así lo hice y ese día, muy puntuales a las siete de la noche, estábamos todos los habitués, y algunos colados más, dispuestos a disfrutar de los diversos cócteles preparados por Pichín, el Jefe de Barmans de Pampero.
Pierre reservó uno de los veladores del bar, que llamábamos confesionarios porque nos permitía sentarnos frente a la mesa a tres por cada lado, para Pacheco Soublette y para mí como organizador del evento, y allí se sentaron cuatro amigos más. Pacheco Soublette, como buen periodista, sacó una libreta de su bolsillo y fue anotando muchos de los cuentos, anécdotas y chismes que surgieron en el momento y que luego publicó en su muy leída columna de prensa.
El agasajo estaba por terminar cuando Pacheco Soublette nos invita para que fuéramos al Club Demócrata, en ese entonces ubicado en la prolongación de la avenida 2 Lora, detrás de la Policía del Estado, para que lo acompañáramos en la siguiente faena de la noche.
Allá nos fuimos un grupo y seguimos combinando cócteles a base de ron y otros productos de Pampero.
Terminada la actividad en el Demócrata se despidieron Pacheco Soublette y Pichín, muy agradecidos por nuestra compañía, y nosotros también les agradecimos sus atenciones. El viejo Mérida Country Club quedaba a menos de cincuenta metros del Club Demócrata y no pude resistir la tentación de invitar a los rezagados del grupo para que nos tomáramos el "del estribo", y así lo hicimos.
Al día siguiente, las consecuencias de la combinación de cócteles y el "del estribo", que se convirtió en un cienpiés, hizo estragos en nuestros cuerpos hasta el punto de que llegamos a la conclusión de que nos había tumbado a todos "el caballito frenado de Pampero".
1 comentario:
No me extraña imposible superar semejante récord sin consecuencias R M C
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