Jesús Ramírez "El Tato"
Uno espera que un torero de la talla universal de José Tomás, a quien se ha elevado a los altares del toreo, sea el primero en constituir ejemplo de ética y respeto.
Pero la imagen por RRSS invitando para una protesta en Zaragoza éste 22 de julio, con el cabello largo y desaliñado y vistiendo una roída franela, es un golpe directo a la seriedad que exige la tradición taurina.
No asumimos un juicio superficial o frívolo, porque la ética y seriedad del toreo no se apagan al salir por la puerta grande, el torero por su condición de figura pública y referente, tiene la obligación de cuidar su estampa en todo momento.
La imagen que invadió la autopista digital, contrasta con el ideal torero que la tradición ha forjado, así el madrileño rompa moldes con alguna esencia hermetica.
Verlo en ese estado de absoluta dejadez personal, no demuestra autenticidad ni naturalidad, es llanamente un brutal desaire en público, a los códigos más elementales del oficio del toreo.
La imagen que ha trascendido no es la de un torero legendario, sino la de un hombre que parece haber olvidado que su nombre pesa tanto como su figura.
Esa franela y con el cabello largo y desordenado no debe ser la estrategia de un famoso y admirado torero sino el retrato de la más aguda desidia personal
Insisto que la tradición del toreo exige a sus figuras imagen de seriedad, empaque, respeto y ejemplo, que va más allá de la estética pues representan valores vivos.
La ética del toreo también se mide fuera del ruedo en la palestra pública.
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