lunes, 3 de agosto de 2026

​Don Avelino Briceño, Don Carlos Maggiolo y la Leyenda del Refresco Cold Point

Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño

Por Germán D' Jesús Cerrada

​En mis tiempos de niño y adolescente, cuando queríamos comprar un refresco en la bodega de la esquina, la petición era obligada e inconfundible: pedíamos un "Cold Point rojo" o un "Cold Point amarillo". Aquella botella helada no era solo una bebida, era parte de nuestra cotidianidad y el sello de una marca que marcó a toda una generación.

​Avelino Briceño Paredes y Carlos Maggiolo Atencio conformaron una dupla para los negocios que no ha tenido en el tiempo a nadie que los iguale. 

Avelino Briceño, merideño, y Carlos Maggiolo, maracaibero, forjaron en sus años de madurez una leyenda empresarial un tanto desconocida para las generaciones actuales. Briceño & Maggiolo, esa era la razón social de la firma concesionaria de los prestigiosos automóviles de la línea Chrysler y de sus vehículos De Soto, Dodge, Plymouth y Fargo, primero en un local comercial en la calle Independencia (hoy avenida 3) entre calles 25 y 26, y más tarde en una moderna edificación frente al Parque Glorias Patrias. 

Tiempo después, instalaron la Estación de Servicio Shell con su recordado bar y restaurante "La Fuentecita", en la avenida Urdaneta, frente a la Casa Hogar.

​Su visión traspasó las fronteras andinas para adentrarse en lo que llamábamos "La Tierra Llana". En San Carlos del Zulia fundaron Indosa, empresa procesadora de leche pasteurizada y productos lácteos, mientras que en Santa Bárbara del Zulia establecieron una agencia de Briceño & Maggiolo para la venta de vehículos distribuidos desde Mérida. 

Asimismo, en alianza con los hacendados de las cercanías de la ciudad —recordando que lo que hoy son las populosas urbanizaciones a la vera de la avenida Andrés Bello y hasta más allá de Ejido eran dilatadas haciendas de caña de azúcar—, se unieron para fundar el Central Azucarero Mérida, cuyo ingenio y maquinarias operaron en un gran galpón cercano a La Parroquia, recinto que hoy forma parte del patrimonio de la Universidad de los Andes y Caprof.

​Pero lo que no podemos olvidar los merideños de aquella época son los célebres refrescos Cold Point, cuya planta embotelladora estaba ubicada en la esquina norte del Liceo Libertador. Era simpático ver a los muchachos a la salida de clases, y también a personas mayores, observando a través de las rejas de la calle el paso de las botellas en una cadena sin fin. Frente a una potente luz, unas jóvenes operarias —"indiecitas" traídas de la hacienda El Estanquillo de San Juan de Lagunillas, donde hoy se levanta la cárcel— permanecían sentadas en taburetes inspeccionando minuciosamente el líquido para descartar cualquier impureza antes de colocar las botellas en las gaveras para su distribución.

​Me contaba don Avelino que viajó con don Carlos hasta Atlanta, Estados Unidos, para seleccionar los sabores de la franquicia. Una mañana, tras una noche de intensa "labor social" en el bar del hotel donde se hospedaban, fueron llevados a la cata técnica. Había decenas de muestras para cada sabor y ni don Avelino ni don Carlos tenían el cuerpo ni la disposición para un proceso tan largo. De mutuo acuerdo, decidieron concentrarse en los dos sabores principales: la naranja y la cola. Don Avelino señaló al azar la quinta muestra de naranja y don Carlos la sexta de cola, restándole importancia a los demás preparados. 

Contra todo pronóstico, aquella rápida elección dio origen a una naranja y a una cola Cold Point con un sabor inconfundible que no aceptaba comparación con ninguna otra marca del mercado. Sus eslóganes "Salud en burbujas" y "La naranja hecha refresco" engalanaron durante años los anuncios publicitarios y las vallas de la vieja carretera que conducía de Mérida a La Parroquia.

​De las prósperas empresas fundadas por Avelino Briceño y Carlos Maggiolo lamentablemente hoy solo queda el recuerdo. Fueron auténticos pioneros en una Mérida que despertaba adormecida bajo los picos de la Sierra Nevada y arrullada por sus cuatro ríos. 

La Cámara de Comercio e Industria del Estado Mérida (Cacoinme) mantiene una deuda histórica con la memoria de estos dos grandes señores que debieran servir de ejemplo a las nuevas promociones de empresarios que hoy, en medio de las adversidades, luchan por abrirse paso. Por ello, sugiero respetuosamente a sus directivos la realización de un merecido homenaje institucional a don Avelino Briceño y a don Carlos Maggiolo, e incorporar sus retratos en una Galería de Empresarios Merideños que perennice su legado.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece que la Cámara de Co. De comercio debe conocer este legado que hoy seguro sus directivos no lo conocen. Promover un libro o documento histórico sobre la La Caña de azucar. Y el impacto en la Merida entre 1900 y 1980 cuando deji de funcionar el Central Azucarero , por disminución de Caña, al ir creciendo la Urbanización.

Anónimo dijo...

El precio de la panela fue la principal causa de que la refinación de azucar perdiera la pelea y obliga al cierre del CALA

Anónimo dijo...

El nombre Cold Point viene de la marca de cocinas “Hot Point” que vendia Don Avelino Briceño junto a su hermano Henrique en la compañía Briceño Hermanos en el local que se menciona en la avenida 3. Los sabores que luego se incorporan a la linea de refrescos fueron, Piña, Uva, Manzana, y la soda Z, en el año 82 se suman los productos en lata, siendo la Embotelladora Merida la unica enlatadora de refrescos del occidente del pais.

Anónimo dijo...

La Camara de Comercio rindió homenajes mientras fue presidida por Guillen, Valecillos, Briceño, Buso, Baena, Uzcategui y Trujillo, de un tiempo para aca eso cambio, Avelino Briceño quien dono los terrenos donde hoy esta el edificio pudo merecer un reconocimiento.