Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño
Por: Germán D' Jesús Cerrada
Julián Varona fue un andaluz de pura cepa que abrazó con afecto esta tierra merideña, haciéndola suya para siempre.
Dotado de una simpatía personal arrolladora y una gran capacidad de trabajo, realizó diversas actividades que dinamizaron el quehacer de nuestra ciudad.
Cuando a mediados de los años sesenta se estaba construyendo la Plaza Monumental de Toros de Mérida —que hoy lleva con orgullo el nombre de Román Eduardo Sandia—, los proyectistas y constructores se toparon con un serio dolor de cabeza: el diseño técnico y la ubicación estratégica de los corrales del coso.
Allí surgió la figura providencial de nuestro amigo Julián quien, mano a mano con otro español de solera, el gaditano Manuel de la Fuente, asumió el reto. Juntos proyectaron y ubicaron los corrales de la Plaza de Toros, logrando un diseño tan funcional que se ha mantenido con apenas ligeras modificaciones desde la tarde inaugural del coso taurino.
Pero la polifacética vida de Varona no se detenía en el albero; fue también gerente de una recordada distribuidora de cauchos Goodyear en la avenida Las Américas y condujo un programa taurino de gran sintonía en la televisora local TAM.
Su otra gran pasión fue el arte. Como artista del pincel, plasmó con maestría los rostros de figuras ilustres de nuestra ciudad, como el del Rector Magnífico, doctor Pedro Rincón Gutiérrez, que engalana la Galería de Merideños Ilustres de la Academia de Mérida, y el del propio doctor Álvaro Sandia Briceño, exhibido en la Galería de Expresidentes del Mérida Country Club.
Precisamente, en los salones de dicha entidad social realizó una exposición de sus cuadros taurinos, los cuales fueron adquiridos en su totalidad la misma noche del opening.
Hace pocos años, en los días previos a una de nuestras triunfales Ferias del Sol, un grupo de aficionados organizamos una muestra colectiva con las obras de motivos taurinos que atesorábamos en nuestras colecciones privadas. Llevé con harto orgullo el óleo pintado por Julián Varona que él había bautizado "Piara de Toros Bravos". Lo más fascinante y misterioso de esta crónica es que, mucho tiempo después de haber adquirido el cuadro y de exponerlo en el Club, me topé con una fotografía real de unos toros de lidia corriendo libremente en la dehesa seguidos por los mayorales.
La estampa reflejaba con una fidelidad milimétrica lo que el pincel de nuestro amigo andaluz había plasmado años atrás.
¿Coincidencia, casualidad o la clarividencia de un artista de casta?... Todo cabe pensarlo.
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