miércoles, 30 de septiembre de 2026

La Catedral de Mérida: Fe, escombros y esplendor

Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño

Por: Germán D' Jesús Cerrada

​En la antigua Plaza Mayor —hoy Plaza Bolívar— se erigió durante la Colonia la Iglesia Matriz dedicada a San José. Con la creación de la Diócesis de Mérida en 1778, este templo primigenio fue elevado a sede episcopal bajo el patrocinio de la Inmaculada Concepción.

Sin embargo, al resultar modesto para la jerarquía de la ciudad, el Obispo Santiago Hernández Milanés tomó la determinación de demolerlo hasta sus cimientos para construir un templo réplica de la Catedral de Toledo, en España. La primera piedra se colocó el 30 de junio de 1805. Para 1812 ya se habían invertido 75.000 pesos fuertes en las fundaciones, pero el devastador terremoto de ese año —donde pereció el propio prelado— y la Guerra de Independencia paralizaron abruptamente la monumental empresa.

​Treinta años después, el 13 de noviembre de 1842, el Obispo Juan Hilario Boset emprendió de nuevo la obra bajo un proyecto más modesto. La construcción avanzó hasta erigir paredes, columnas, arcos y frontis, pero la falta de recursos amenazó con dejarla sin techo.

Enterado del dilema, el Párroco de La Quebrada (Trujillo), Pbro. José de los Ángeles Cano, viajó a Mérida cargado de caudales y de una abnegación admirable: él mismo trabajó como albañil y carpintero hasta techar el templo. Concluida la labor, regresó en silencio a su parroquia, dejando sus manos impresas en la estructura. 

Tras 25 años de afanes, el Obispo Boset consagró la Catedral el 29 de diciembre de 1867.
​Los desafíos telúricos continuaron. El terremoto del 28 de abril de 1894 destruyó el Presbiterio y agrietó la estructura. El recién llegado Obispo Antonio Ramón Silva fortificó la torre con cintas de hierro y levantó el Coro de los Canónigos en el ábside, culminando la restauración el 15 de diciembre de 1896.
​Aquella Catedral solo poseía una torre en la esquina de la plaza, erigida en 1854 por los maestros caraqueños Jesús Salas (cuerpo cuadrado) y Tomás Ascanio (cuerpo superior). Por iniciativa ciudadana y impulsado por el Deán Monseñor Dr. José Clemente Mejía, el 27 de diciembre de 1905 se inició la edificación de la segunda torre, ejecutada con maestría rudimentaria por el constructor merideño Lisímaco Puente y bendecida el 26 de octubre de 1907. 

A este conjunto se sumaron el emblemático reloj —traído por gestiones del Profesor P.H.G. Bourgoin— y la escultura de la Inmaculada en la fachada, impulsada por Don Atilio R. Sardi.
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​El tiempo no dio tregua. En los primeros meses de 1944, una inspección reveló el grave apolillamiento de los techos y, en la madrugada del Miércoles de Pascua, colapsó parte del Presbiterio. Ante la emergencia, el Arzobispo Metropolitano Monseñor Acacio Chacón Guerra tomó la histórica decisión de levantar un templo totalmente nuevo.

​El diseño y la dirección recayeron en el renombrado arquitecto Dr. Manuel Mujica Millán —artífice de la reconstrucción del Panteón Nacional en 1930—. El 8 de julio de 1945 comenzó la demolición de la vieja estructura y arrancó la nueva fábrica, cuyo avance lento pero firme los merideños atisbaron durante años por encima de las láminas de zinc.

​Para el 9 de octubre de 1958, en el marco del Cuatricentenario de Mérida, el templo estaba casi concluido (restaban la cubierta exterior de la cúpula, parte del piso y la decoración). Aun así, Monseñor Chacón Guerra cantó allí el solemne Te Deum de Acción de Gracias ante el Presidente de la Junta de Gobierno, Contralmirante Wolfgang Larrazábal Ugueto, sus ministros, el Gobernador Dr. José Román Duque Sánchez, los gobernadores vecinos y el Rector de la ULA, Dr. Pedro Rincón Gutiérrez.

​El 18 de octubre a las 4:00 p.m., el Arzobispo Coadjutor Monseñor José Humberto Quintero bautizó la Catedral en presencia de la reliquia de la Virgen de Coromoto traída desde Guanare. Al día siguiente, el Nuncio Apostólico Monseñor Rafael Forni consagró allí mismo a Monseñor José Rafael Pulido Méndez como nuevo Obispo de Maracaibo.
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​Tras el retiro por salud del Dr. Mujica Millán a España, la dirección de la obra fue asumida con absoluta fidelidad conceptual por el Dr. Francisco J. Luch. En sus paredes quedó grabado el talento de eminentes artesanos y artistas:
​Maestros de obra: Los hermanos Víctor, Francisco y Pedro Colmenares.

​Herrería y portones: Taller Metalúrgica Mérida de Ramón Chuliá.

​Carpintería de altares: El Altar del Sagrario fue elaborado por el maestro Jesús de Berecíbar, mientras que los restantes altares estuvieron a cargo de Luis Villarroel e hijos.

​Escultura y heráldica: Los escudos de los obispos y arzobispos fueron cincelados por Manuel de la Fuente.

​Decoración general: Mario Pietroniro y Mario Gandini.

​Pintura sacra: Las imponentes figuras de apóstoles, santos y ángeles en la entrada y el ábside brotaron del pincel del artista ucraniano Iván Belsky.

​Joyas patrimoniales: El ilustre diplomático e historiador Dr. Caracciolo Parra Pérez y su esposa donaron para el altar de la cripta la Virgen de la Manzana, una singular talla en piedra de finales del siglo XIV o principios del XV.

​El costo financiero de esta catedralicia empresa fue cubierto por el Gobierno Nacional, la Gobernación, el Concejo Municipal del Distrito Libertador, el aporte solidario de las parroquias, benefactores particulares y la fe inquebrantable de los feligreses (quienes son encomendados a diario en la Misa Conventual del Capítulo, según lo estipulado en el Canon 417 del Código de Derecho Canónico).

​Culminados todos los detalles, la Catedral de Mérida fue consagrada solemnemente entre el 25 y 26 de abril de 1960 por Monseñor Dr. José Humberto Quintero —quien poco después sería elevado por el Papa Juan XXIII como Arzobispo de Caracas y primer Cardenal de Venezuela—. 
Un templo inmortal para una ciudad que ha sabido reconstruir su fe sobre la roca de la historia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente, muchas gracias. En Chiguará hay aún vestigios del trabajo de Ivan Belsky