102 Años de Luz: La Historia de Hilda del Carmen
Treinta y siete mil doscientos treinta días. Mil doscientos veintitrés meses de bendiciones. Ciento dos años de una vida que trasciende el tiempo y abraza dos siglos. ¿Cómo no celebrar con el alma de fiesta a la mujer que nos trajo al mundo? Hablar de Hilda del Carmen es recorrer un siglo de historia viva, la de una mujer extraordinaria que se amañó a la vida y vio al mundo transformarse ante sus ojos.
Nació bajo la sombra del gomezcismo y vio florecer la aurora de la democracia. Con la frente en alto, formó parte del hito histórico donde la mujer venezolana ejerció por primera vez su derecho al voto para elegir a Rómulo Gallegos. Fue en esa misma época de siembras y esperanzas cuando me parió. Supo de valentía y entereza en los tiempos oscuros de la dictadura, resistiendo con temple de acero cuando la Seguridad Nacional se llevaba preso a su esposo. Vio pasar la historia política del país y acompañó con fe el triunfo de cinco presidentes de su devoción.
Hilda ha sido elegancia y tesoro. Fue la esposa del gobernador que engalanó la pista de baile junto a Raúl Leoni, y la compañera silenciosa que escuchó aquel memorable discurso ante la cumbre de escritores hispanoamericanos encabezada por Mario Vargas Llosa. Pero, sobre todo, ha sido la madre amorosa y orgullosa que me tomó de la mano para acompañarme, cinco veces consecutivas, a recibir mi credencial como diputado en representación del pueblo.
Su vientre prodigioso trajo al mundo a diez hijos —entre ellos dos pares de morochos—, convirtiéndose en el tronco firme de un árbol frondoso que hoy florece en 26 nietos y 23 bisnietos. No hay nada en este tierra que ella no ame más que a la vida misma.
Ciento dos años de contemplar prodigios: vio la llegada de la penicilina como reina de los antibióticos y el eco lejano de una Segunda Guerra Mundial; presenció la caída del Muro de Berlín y vio al planeta multiplicarse de mil seiscientos millones de almas a más de seis mil millones. Su mirada navegó la evolución del mundo: de la radio a la televisión a color; de los antiguos teléfonos de manivela colgados en la pared hasta la maravilla de la telefonía móvil, donde hoy solo pide, con entrañable ternura, que no la dejen sin saldo.
Cómo no va a estar enamorada del mundo, si lo vio todo, lo vivió todo y nos lo entregó todo en forma de amor.
Héctor Alonso López
Mérida 6 de septiembre 2026.
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