El Festival de Música y Arte de Woodstock, celebrado del 15 al 18 de agosto de 1969, se convirtió en el hito cultural más relevante de la era hippie.
Diseñado inicialmente como un evento comercial para un público moderado, la realidad superó cualquier cálculo cuando más de 400.000 personas desbordaron los accesos a la granja de Max Yasgur en Bethel, en el estado de Nueva York.
De evento privado a ciudad improvisada
El colapso total de las carreteras obligó a miles de asistentes a abandonar sus vehículos y caminar kilómetros para llegar al recinto.
Al verse desbordados por la multitud, los organizadores debieron retirar las cercas y declarar la entrada libre y gratuita, transformando un espacio rural en una metrópoli efímera sin la infraestructura básica para albergarlos.
El triunfo de la convivencia sobre la adversidad
Las intensas lluvias convirtieron el campo en un vasto lodazal y provocaron un severo desabastecimiento de alimentos y suministros médicos, los cuales tuvieron que ser distribuidos mediante helicópteros.
Pese a las condiciones extremas y la falta de comodidades, el festival transcurrió en un clima de coexistencia pacífica y solidaridad comunitaria.
Un hito en la historia de la música
A lo largo de las cuatro jornadas, 32 actos musicales marcaron a toda una generación.
Actuaciones legendarias como las de Jimi Hendrix, Janis Joplin, Santana, The Who y Jefferson Airplane inmortalizaron el evento, elevando a Woodstock de un caótico concierto masivo a un símbolo imperecedero de la contracultura de los años 60.





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