Un avión Convair CV-580 de Avensa, de siglas YV-54C, posado en la rampa del aeropuerto Alberto Carnevali de Mérida, con la imponente cordillera andina de fondo.
Texto y fotos Germán D' Jesús Cerrada
Durante las décadas de 1960 y 1970, la aviación comercial venezolana vivió momentos memorables en el aeropuerto Alberto Carnevali de Mérida, un terminal ubicado de forma estratégica en el sector sur de la meseta andina.
En ese escenario rodeado por las imponentes montañas de la cordillera y con la silueta del recién inaugurado Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes en el horizonte urbano, los legendarios aviones de turbohélice Convair CV-580 de la aerolínea Avensa se convirtieron en el enlace fundamental para la conectividad del estado Mérida con el resto del país.
El Convair CV-580 no nació originalmente como un avión de turbohélice, sino que fue el resultado de un exitoso proceso de reconversión de los modelos de pistón CV-340 y CV-440 Metropolitan.
Dos aviones Convair CV-580 de Avensa en la rampa del aeropuerto Alberto Carnevali de Mérida, muestra de la intensa actividad aérea que conectaba a la ciudad con el país.
A inicios de los años sesenta, se reemplazaron sus antiguos motores por potentes plantas motrices turbohélice Allison 501-D13 de cuatro palas, las cuales entregaban cerca de 3,750 caballos de fuerza por motor.
Para soportar este incremento en el empuje y la velocidad, la aeronave incorporó un estabilizador vertical de mayor altura que le confirió su perfil característico. Gracias a estas modificaciones, el avión alcanzaba velocidades cercanas a los 520 kilómetros por hora, con una capacidad para trasladar entre 44 y 52 pasajeros en cabina presurizada.
Esta notable potencia de ascenso y aceleración convirtió al Convair 580 en el equipo ideal para afrontar las exigentes maniobras de aproximación, despegue y vientos cruzados habituales en la altitud de la meseta merideña.
Intensa actividad en la rampa de Mérida. Un par de Convair CV-580 de Avensa son atendidos en la plataforma del aeropuerto Alberto Carnevali, con el Hospital Universitario de Los Andes y la cordillera como telón de fondo.
Entre el constante movimiento de pasajeros, las operaciones de equipaje y el transporte prioritario del servicio Saeta-Carga, la presencia continua de estas aeronaves en la plataforma fue fiel testimonio de la intensa actividad aérea y del auge económico, universitario y turístico que experimentaba la capital merideña en aquellos años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario