domingo, 18 de octubre de 2026

El inolvidable Colegio San José: Faro de educación y cuna de gobernantes

Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño

Por: Germán D' Jesús Cerrada

​La fotografía histórica nos devuelve una estampa casi irreal del Colegio San José de los Padres Jesuitas, con su edificio principal recién concluido.

Levantado entre casonas de tejados viejos y terrenos aún sin edificar, fue la primera estructura de concreto de tres pisos que conoció Mérida. En aquella urbe dominada por las construcciones de bahareque y tierra pisada, semejante edificación era contemplada por los transeúntes como una verdadera "cosa rara", una mole moderna y vanguardista que anunciaba los nuevos tiempos.

​La presencia jesuita en la ciudad tenía ya profundas raíces. Entre 1629 y 1767 había funcionado el antiguo Colegio San Francisco Javier —fundado formalmente en 1627—, un centro de enseñanza fundacional en una Mérida que apenas contaba con unos cientos de habitantes y cuyas aulas acogieron a más estudiantes venidos de la geografía nacional y la vecina Colombia que a los propios locales. 

Aquel capítulo se pausó abruptamente cuando el rey Carlos III de España ordenó la expulsión de la Compañía de Jesús de todos los territorios del imperio.

​No fue sino hasta 1927 cuando los Padres Jesuitas retornaron a suelo merideño. A su llegada, el Arzobispo Silva (Monseñor Antonio Ramón Silva) les prestó una casona propiedad del Arzobispado ubicada en la esquina de las calles Zerpa y Vargas, justo frente al viejo Seminario y en el lugar que hoy ocupa el Hotel Plaza.

​El memorable Padre Barrena, uno de aquellos pioneros que vinieron con la misión de educar a la juventud andina, solía recordar que el viaje por carretera desde Caracas hasta nuestra ciudad tomó cuatro extenuantes días. La primera escala fue Valencia, la segunda Barquisimeto y la tercera Valera, antes de emprender el último y desafiante tramo de ocho horas ascendiendo por las alturas del Pico del Águila y descendiendo a través de los pintorescos pueblos del páramo hasta alcanzar finalmente la meseta merideña.

​En esa casona inicial permaneció el colegio hasta 1944, año en que se inauguró la sede definitiva cuya primera piedra se había colocado en 1938. Con el tiempo, la institución fue expandiendo sus dominios: en 1953 se compraron las últimas casas colindantes para dar espacio a los campos deportivos, el Estadio Lourdes y las piscinas. 

Ese mismo año, cuando el Gobernador del Estado, Dr. Vicente Tálamo, presentó el proyecto de la Avenida Tulio Febres Cordero, los padres cedieron una franja de terreno desde la actual Calle 24 hasta el sitio donde hoy se erige el Edificio Administrativo de la ULA, a cambio del compromiso de la Gobernación de construir la pared exterior y las gradas que aún se conservan del Estadio Lourdes.

​Diversas circunstancias obligaron a los Padres Jesuitas a vender el edificio y los campos deportivos al Gobierno Nacional durante el mandato del Presidente Rómulo Betancourt. 

Cuando el Dr. Víctor Giménez Landínez, Ministro de Agricultura y Cría y exalumno de la casa, planteó en Consejo de Ministros la adquisición por parte del Banco Obrero, el Presidente Betancourt sentenció una frase para la historia: «No se concibe una Mérida estudiantil sin el Colegio San José». Realizada la transacción, la célebre edificación pasó a convertirse en patrimonio vivo de la Universidad de Los Andes y de la ciudad, albergando actualmente a la Escuela de Música de la ULA, la Galería La Otra Banda, la Biblioteca Simón Bolívar y dependencias del Ministerio de Vivienda y Hábitat, entre otros organismos.

​El Colegio San José cerró sus aulas en 1962, dejando tras de sí un legado invaluable. Por sus pasillos caminaron ilustres ciudadanos y una prodigiosa cantera de servidores públicos; entre ellos, una impresionante lista de Gobernadores del Estado Mérida que allí formaron su carácter y pensamiento: Alberto Paoli Chalbaud, José Román Duque Sánchez, Carlos Febres Poveda, Pedro Espinoza Viloria, Luciano Noguera Mora, Germán Briceño Ferrigni, Bernardo Celis Parra, Reinaldo Chalbaud Zerpa, Rubén Avendaño Monzón, Edecio La Riva Araujo, Germán Monzón Salas, Jesús Rondón Nucete y Willian Dávila Barrios.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Saludos. Que buena crónica de la Antigua Casa San José. Símbolo de identidad del siglo xx e infraestructura que empezó a cambiar los tapiales de baareque por concreto.

Anónimo dijo...

Inolvidables recuerdos de nuestro querido colegio , allí estudiamos los Pérez Rivas, gracias a la habilidad de nuestra amada madre Doña Carmen de Pérez.