viernes, 16 de octubre de 2026

El legendario McDonnell Douglas DC-9 de Avensa y sus años de gloria en el aeropuerto Alberto Carnevali de Mérida

AVENSA DC-9 (YV-72C) en el Aeropuerto Alberto Carnevali de Mérida.

Texto y fotos: Germán D' Jesús Cerrada 

​El McDonnell Douglas DC-9-30 de la aerolínea venezolana Avensa, identificado con la sigla 72C en su trompa y la matrícula YV-72C, representó uno de los hitos más emblemáticos de la aviación comercial en la zona andina.

Durante las décadas de 1970, 1980 y parte de los noventa, la visión de este reactor descendiendo sobre el valle del río Chama para posarse en la pista del Aeropuerto Nacional Alberto Carnevali de Mérida se convirtió en una postal cotidiana e histórica para la aviación civil del país.  

McDonnell Douglas DC-9 de AVENSA (YV-72C) en la rampa del Aeropuerto Alberto Carnevali de Mérida.

​Operar un avión a reacción de las dimensiones del DC-9 en la terminal merideña constituía una hazaña técnica de alta exigencia profesional.

Ubicado a más de 1.500 metros sobre el nivel del mar, enclavado entre la Cordillera de La Culata y la Sierra Nevada, y con una pista de apenas 1.630 metros de longitud, el aeropuerto Alberto Carnevali obligaba a los pilotos de Avensa a realizar maniobras visuales de precisión milimétrica, donde las corrientes de viento y la visibilidad cambiante del valle ponían a prueba la pericia de la tripulación en cada aproximación.

DC-9 de AVENSA (YV-72C) maniobrando en la pista del Aeropuerto Alberto Carnevali de Mérida.

​Diseñado por la constructora estadounidense McDonnell Douglas, el DC-9-30 era una aeronave bimotor de pasillo único proyectada para rutas de corto y medio alcance. Equipado con dos potentes motores turbofán Pratt & Whitney JT8D adosados en la sección posterior del fuselaje y una distintiva cola en forma de T, el modelo contaba con una capacidad promedio de entre 97 y 115 pasajeros. Con una longitud de 36,37 metros, una envergadura de 28,47 metros y una velocidad de crucero cercana a los 895 kilómetros por hora, sus características aerodinámicas y su excelente rendimiento en pistas cortas lo convirtieron en el equipo ideal para conectar a la capital merideña con el resto del territorio nacional. 
 
​Una de las grandes ventajas operativas que convirtió al DC-9 en la columna vertebral de Avensa en Mérida fue su notable autonomía en rampa. 

Gracias a su Unidad de Potencia Auxiliar interna y a su característica escalera ventral retráctil bajo la cola, la aeronave podía desembarcar pasajeros y mantener sus sistemas encendidos sin depender de la infraestructura o los equipos de apoyo en tierra de los aeropuertos regionales. 

Un DC-9 de AVENSA asciende tras despegar del Aeropuerto Alberto Carnevali de Mérida, elevándose sobre las montañas y los valles de la región andina.

Hoy en día, la imagen del imponente reactor de Avensa descansando sobre la plataforma merideña con la majestuosa cordillera de fondo permanece como un testimonio imborrable de la época dorada del transporte aéreo venezolano.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Aereopuerto injustamente cerrado a operaciones comerciales,que en 70 años de servicio no hubo accidentes,los habido fue en rutas prohibidas y por imprudencia de los pilotos, el cierre derrumbó la industria turística del estado