Aterrizaje del primer avión en el aeropuerto de Mérida, el 16 de octubre de 1946. Fotografía: Rómulo Rivas. Banco de Imágenes de los Andes Venezolanos.
Por Germán D' Jesús Cerrada
El 25 de enero de 1955, el antiguo Aeropuerto de Mérida fue el escenario de un trágico accidente cuando un avión Douglas DC3 de la Línea Aeropostal Venezolana (LAV), identificado con las siglas YV-C-ACO y comandado por el Capitán Alberto Camps —junto al copiloto L. Colmenares y la aeromoza H. Pérez—, se disponía a despegar con cuatro pasajeros a bordo para cubrir la ruta Mérida - Valera - Maiquetía.
Las torrenciales lluvias de los días previos habían convertido la pista en un lodazal espeso que impidió a la aeronave alcanzar la tracción y velocidad necesarias. Al percatarse del inminente peligro, el piloto cortó los motores y accionó los frenos, pero el estado resbaladizo del terreno provocó que el aparato se deslizara sin control, sobrepasando los límites del campo de aviación y rodando varios cientos de metros hasta detenerse más abajo de “La Glorieta”, en lo que hoy es el sector Pie del Llano.
Así reseñó el diario El Nacional la tragedia de Mérida en su edición del viernes 27 de mayo de 1955.
En su trayectoria descontrolada que marcó la calle principal del naciente sector, la aeronave invadió una zona adyacente donde varias mujeres lavaban ropa en un cequión, acompañada de niños. En un desesperado intento por evitar una tragedia mayor y no arrollar a la madre, el piloto levantó la nave; sin embargo, no vio al pequeño José Ramón Miranda (de 4 años, hijo de una familia humilde), a quien los alerones del Douglas le impactaron de forma fatal, causando su muerte de manera instantánea. A pesar de la gravedad del suceso, los tres tripulantes y los cuatro pasajeros (Miguel Ángel Pérez, Diógenes González, Juan Álvarez y Sixto Rivas) resultaron completamente ilesos.
Dos días después, el viernes 27 de mayo de 1955, el diario El Nacional reseñó los detalles de aquel doloroso episodio bajo el titular «EL PILOTO DEL YV-ACO LEVANTO LA NAVE PARA NO ARROLLAR A LA MADRE DEL NIÑO», inmortalizando una de las páginas más tristes de la historia aeronáutica y colectiva de Mérida.
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