domingo, 4 de octubre de 2026

Los Festivales Gastronómicos de SAUCI

Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño

Por: Germán D' Jesús Cerrada

​Desde su fundación en el ya lejano año de 1938, el Mérida Country Club ha sido el escenario natural de los más trascendentales acontecimiento sociales de la ciudad. En su Acta Constitutiva destacaban nada menos que seis Rectores de la Universidad de los Andes, y su primera Junta Directiva —presidida por el Dr. Edgar Loynaz Páez— contaba con siete miembros estrechamente vinculados al claustro universitario y dos respetados comerciantes locales.

​Por sus salones desfiló la historia política y social del país: desde los agasajos en plena efervescencia de la Revolución de Octubre a los mayores Mario Vargas y Miguel Nucete Paoli, hasta los brindis en honor a Jóvito Villalba, Horacio Gutiérrez Rori y el célebre poeta Andrés Eloy Blanco. 

En su antigua sede de la Avenida Urdaneta se decidió favorablemente el destino del Teleférico de Mérida —cuando algunos pretendían venderlo como chatarra a México—, y allí también las fuerzas vivas de la ciudad rindieron un emotivo homenaje al primer Cardenal venezolano, Don José Humberto Quintero, al regresar de Roma con la oratoria impecable del Dr. Germán Briceño Ferrigni.

​Alta cocina y filantropía serrana

​Ya en su sede actual de la Avenida Andrés Bello, la vida social mantuvo su esplendor. Sin embargo, recordamos con especial afecto y nostalgia los célebres Festivales Gastronómicos a beneficio de la Sociedad de Amigos de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario de los Andes (SAUCI), iniciativa impulsada con admirable fervor por el recordado amigo Carlos Valecillos Velandia.

​Escudriñando los archivos personales, sale a la luz el programa del Undécimo Festival, celebrado la noche del 2 de diciembre de 1994. Aquella velada inolvidable reunió a distinguidos socios del club convertidos en chefs por una noche, luciendo con hidalguía sus uniformes y los gorros de sus respectivas jerarquías culinarias. En stands especialmente equipados con cocinas y enseres, cada chef financiaba y preparaba 20 platillos de autor, mientras sus esposas y un comité de damas atendían con gracia a los asistentes que colmaron los espacios para colaborar con la noble causa.

​El menú de aquella gala fue un despliegue de sofisticación:
​Entradas (Entrées): Gonzalo Jordán sorprendió con su Involtini a la Putanesca; Néstor Trujillo ofreció un exquisito Bobo de Camarones; Nino Argibay preparó Feullete de Saumon avec la Mousse des Végétales; Álvaro Parra Dávila deleitó con Terrine D'Agneau avec la Sauce de Menthe; Alberto Dávila presentó Terrine de Poulet aux Herbes; Gonzalo Vargas sirvió su clásica Bisque de Crevette; Juan Benito lució el tradicional Bacalao al Pil Pil; Elio Scanu elaboró Gnocchi Tropicali con Salsa Creole, y Mario Spinetti deslumbró con sus Tortellini al Funchetto.

​Platos Fuertes (Plats Divers): La oferta principal mantuvo la altura internacional con José Manuel León (Bar D'Avignon), Eleazar Muchacho (Rôti de Porc au Miel et Moutarde), Rodolfo Burguera (Blanc de Dinde avec Sauce des Champignons), Carlos Jugo (Filet de Bœuf au Sauce D'Huître), Jesús Ortega (Lapin Farci avec Champignons), Luis Martínez (Poulet Rempli avec Surprise), Diego Parra Dávila (Filet au Roquefort), Juan Manuel Rodríguez (Canard à la Parisienne avec la Sauce D'Orange et Asperges) y Pietro Milazzo (Blanc de Poulet Cordon Bleu avec Petit Pois).

​Broche de Oro y Notas Musicales: La dulzura final corrió a cargo de Marco Scanu con su impecable Tiramisú. Las copas se llenaron entre botellas de Vino Cuvée (Bs. 2.500) y selectos whiskies Buchanan’s de 12 y 18 años (a Bs. 8.000 y Bs. 12.500 la botella de la época), al son de los acordes en vivo de Mariolga y su Banda.

​Memorias de una época de oro

​Los Festivales de SAUCI eran, año tras año, la cita obligada para "ver y dejarse ver", reencontrarse entre viejos amigos y aportar un granito de arena al sistema de salud regional. En distintas ediciones, la tarima del club se vistió de gala con la presencia de ídolos de la talla de Alfredo Sadel, Ítalo Pizzolanti o los Hermanos Rodríguez.

​Muchos de aquellos entusiastas cocineros del Undécimo Festival ya no nos acompañan en este plano; seguro hoy integran el cuadro de Chefs Celestiales. Sin embargo, su caballerosidad, su buen gusto y esa solidaridad desinteresada en favor del Hospital Universitario continúan vivos en el recuerdo de la Mérida que siempre sonríe con gratitud.

1 comentario:

Bernardo Moncada Cárdenas dijo...

Fue mi gozo cocinar para esos eventos, tan efectivos para la UCI como deliciosos para los concurrentes. Conservo la cofia y el delantal como un recuerdo de esplendorosos años