sábado, 7 de noviembre de 2026

Balance ganadero de la temporada 2026

La casta guarda secretos y el ruedo radiografías

Por: Jorge Cepeda
Cronista Taurino

En esta tercera entrega hemos dejado lo relacionado al rey de la fiesta en última instancia como es el “toro”, luego de hacer el seguimiento a los carteles de las ferias españolas de este año, al igual que se ha realizado a lo largo de los años y apoyarnos de las crónicas que han dejado huella en la prensa especializada, me dispongo a compartir este estudio y balance general de la temporada 2026.

Es el resultado de ver el comportamiento de la dehesa brava española, un ciclo que nos ha dado el eco de faenas en los aficionados y en el publico de los tendidos, pero también profundas contradicciones en los conocedores. Llegados a este punto de la reflexión, es imperativo hacer cuentas con la cruda realidad de un campo bravo que sufre, que porfía y que, sigue latiendo al compás irreductible de la casta.

El balance de lo lidiado este año nos obliga, desde la tribuna de la crónica periodística, a trazar una raya muy gruesa entre el triunfo legítimo y el sentido comercial. Por un lado, las grandes citas en las plazas de máxima categoría nos devolvieron la fe cuando el toro se empleó de verdad. 

Divisas de postín como; Santiago Domecq, Victorino Martín, La Quinta o Jandilla demostraron que la bravura con transmisión, motor y exigencia sigue siendo el alma de la fiesta. 

Son esos toros encastados los que hacen sonar los estribos en el tercio de varas y obligan al espada a jugarse la vida con pureza; ellos justifican nuestra vieja pasión de aficionados y la dignidad del oficio de informar.

Sin embargo, el reverso de la medalla que reciben los aficionados, nos deja en el paladar un sabor diferente: la alarmante proliferación de un toro excesivamente pastueño y de ayuno de casta en los primeros tercios, fabricado a la medida para el lucimiento mecánico del espectáculo y sin mucho riesgo de las figuras, hasta el punto de fumarse un puro frente a el. Y peor aún, la presencia de los indultos de salón. Ver cómo palcos complacientes y peticiones en el tendido otorgaron pañuelos anaranjados a astados que apenas sortearon un simulacro de puyazo constituye una afrenta directa a los veterinarios como la autoridad y al esfuerzo callado de los ganaderos serios que se rompen el alma buscando el semental verdadero y el encaste que los represente y que dé el espectáculo motor que se espera.

Para calibrar esta temporada en su justa medida, no basta con relumbrar la reseña de la corrida de gala; hay que escuchar con atención a quienes cargan sobre sus hombros el peso invisible de la fiesta. 

Están los ganaderos de la base, aquellos criadores modestos a quienes los monopolios y los vetos cierran las puertas, arrinconados en un mercado asfixiante y abocados a buscar salidas en el plazas pequeñas o eventos especiales que sean populares o en el matadero. Asimismo, el escalafón de picadores alza la voz con toda la razón del mundo al denunciar la progresiva degradación de la suerte de varas, convertida hoy en un mero trámite administrativo donde la consigna habitual desde el callejón es tapar o medir al toro para no restarle una fuerza que ya viene justa por el exceso de peso o la falta de fondo.

Mientras tanto, los matadores oscilan en sus manifestaciones entre la gloria de cuajar un astado bravo y la cómoda tentación de mendigar indultos de pacotilla que aseguren los máximos trofeos sin pasar por el trance supremo, de tomar la espada. 

Frente a todo ello se alza el aficionado de tendido, el que paga su localidad y no traga, que ya no se deja deslumbrar por orejas baratas y sabe distinguir, el triunfo entre la bravura y la complacencia.

Cuando volvemos los ojos hacia el horizonte de la próxima campaña, el panorama taurino se nos presenta con idénticos desafíos, pero con la necesidad de tomar actitudes valientes. 

Los ganaderos llevan tiempo advirtiendo que las vacadas vienen más justas que nunca. Todo apunta a que el próximo año nos encontremos con una escasez real de ejemplares dotados del trapío, empaque y volumen exigidos para las plazas de primera y segunda categoría.

A la par, la afición va a pedir la exactitud de los reglamentos y devolver el respeto del tercio de vara y la emoción del peligro real con la integridad del toro y la emoción que representa la tragedia que no se puede perder y que no se cierre a un abanico de hierros comerciales, pensamos que la riqueza depende de las corridas concurso, que se de oportunidades a los nuevos desafíos ganaderos que se de las novilladas en las provincias.

la tauromaquia no es un vestigio fósil ni un decorado inmóvil, sino una cultura viva que se sostiene sobre los cimientos sagrados del toro de lidia y el respeto absoluto entre todos sus actores. 

Ojalá que este receso invernal sirva para la meditación, para concertar criterios en las comisiones taurinas y, sobre todo, para restituirle al toro bravo el sitio de honor que jamás debió perder. Sobre todo permitirle a los nuevos aficionados lo que es vivir la emoción de un toro bravo.

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