Monseñor Acacio Chacón Guerra, el "Arzobispo Constructor" que lideró la Iglesia merideña por casi 40 años.
Texto y Fotos: Germán D' Jesús Cerrada
La vida de Monseñor Acacio Chacón Guerra, segundo Arzobispo de Mérida, abarca 94 años de la historia venezolana, marcada por casi cuatro décadas de un pontificado que transformó material y espiritualmente a la ciudad de Mérida y a toda la región andina.
Recordado con inmenso afecto, su legado como "Arzobispo Constructor" y "Patriarca de Mérida" perdura con fuerza en el corazón de la feligresía. Este 2 de marzo se cumplen 48 años de su tránsito a la inmortalidad, una fecha que invita a recordar al hombre que dio forma a la identidad religiosa de la región.
Nacido el 8 de junio de 1884 en la aldea Loma Verde, Borota, estado Táchira, fue hijo de Eleuterio Chacón Quiroz y Ana Gregoria Guerra Chacón. Su vocación fue cultivada desde joven en el Colegio Corazón de Jesús de La Grita, bajo la guía del Padre Jesús Manuel Jáuregui.
El expresidente Rafael Caldera y autoridades regionales rinden tributo durante las exequias en la Catedral.
A los 10 años, su formación fue asumida personalmente por Monseñor Antonio Ramón Silva, primer Arzobispo de Mérida, quien lo convirtió en su protegido.
Recibió el presbiterado el 1 de noviembre de 1907 en la Catedral de Mérida de manos de su mentor, con apenas 23 años, celebrando su primera misa en Táriba.
Tras una rápida y brillante carrera en la curia, fue designado Vicario General y Provisor del Obispado en 1916.
El 30 de abril de 1926 fue elegido Arzobispo Coadjutor y, tras el fallecimiento de Monseñor Silva en julio de 1927, asumió la plenitud del Arzobispado.
Su pontificado se extendió por casi cuarenta años, siendo un período de extraordinario crecimiento institucional. Bajo su mando, Mérida vio nacer la "Ciudad de Dios": el Palacio Arzobispal (iniciado en 1933), la majestuosa Catedral-Basílica (inaugurada en 1958 para el Cuatricentenario de la ciudad) y el Seminario Conciliar San Buenaventura. En el ámbito social, su gestión bendijo y abrió las puertas del Hospital de Los Andes en 1936, una obra vital para la salud regional.
Su labor educativa y espiritual fue igualmente vasta. Fundó el Colegio San José y el Colegio Inmaculada Concepción, y ordenó a sesenta sacerdotes, entre ellos a José Humberto Quintero, quien se convertiría en el primer Cardenal de Venezuela.
Promovió la creación de las diócesis de Trujillo, Barinas y la Prelatura de San Fernando de Apure, consolidando al Arzobispado como una institución de referencia nacional.
Sus pastorales, como "Dios y Naturaleza" (1961), reflejaban su profunda piedad y compromiso con la educación moral del pueblo.
Falleció serenamente el 2 de marzo de 1978. Su entierro fue un evento de magnitud nacional que reflejó un afecto unánime. El pueblo de Mérida se volcó a las calles en una genuina expresión de fe y tristeza, rodeando la Plaza Bolívar para dar el último adiós a su guía.
Los actos fúnebres, presididos por Monseñor Ángel Pérez Cisneros y el Nuncio Apostólico, contaron con la asistencia de las más altas autoridades civiles y militares, quienes rindieron honores de Estado al prelado.
En aquel histórico sepelio estuvieron presentes el gobernador de Mérida, Rigoberto Henríquez Vera; el expresidente Rafael Caldera; el ministro de Justicia, Dr. Armando Sánchez Bueno; y el Rector de la ULA, Pedro Rincón Gutiérrez. También asistieron Gustavo Amador López (Presidente del Concejo Municipal de Libertador), Jesús Alfonso Herrera (Presidente de la Asamblea Legislativa), el Dr. Héctor Albornoz Berti (Juez Superior), el Lic. Orlando Gutiérrez (Contralor) y el Dr. Atilio Altuve (Procurador). El ámbito militar fue representado por el Coronel Ramos Méndez y el Teniente Coronel Nelson Ojeda Valenzuela, junto a figuras políticas como los senadores Germán Briceño Ferrigni y Undival López Lucena, el Gral. Gustavo Pardi Dávila y los diputados Edilberto Moreno, Adolfo Melcher y Bernardo Celis Parra.
Sus restos reposan hoy, tal como fue su deseo, en la cripta de la Catedral Basílica de Mérida. Aquella joya arquitectónica que él mismo ayudó a levantar sigue siendo hoy el santuario que corona su legado inmortal en la ciudad de los caballeros.
1 comentario:
Monseñor Acacio de La Trinidad Chacón Guerra es uno de los más ilustres venezolanos del episcopado. Llegó a ser el más antiguo de los arzobispos del mundo. Su obra espiritual no tiene parangón en América.
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