Jesús Ramírez "El Tato"
Hay momentos donde el fútbol y el toreo, disciplinas muy distintas, se miran en el mismo espejo, el de la fama repentina y el desconcertante silencio.
Historias paralelas que convergen separadas por un océano y una profesión.
Vamos al grano o al césped
Cabo Verde llegó al mundial de fútbol 2026 como debutante sin historia, el portero Josimar Evora Días, Vozinha, de 40 años, entró en la historia en 90 minutos, 7 balones de gol atajó ante el equipo de España para sellar un histórico 0-0 con un equipo campeón. Su nombre saltó a la fama, de 50 mil seguidores llegó a 5 millones en las RRSS.
Pero la otra historia que esperaba estaba fuera del césped, su madre Ana Cándida Evora, no pudo viajar a EEUU a ver a su hijo, por los 15 mil dólares de fianza exigido por autoridades norteamericanas a los caboverdianos. Vozinha lloró en público porque su madre no pudo acompañarlo por no poder reunir dicho dinero, pero la conmoción fué tal, que el líder demócrata Hakeen Jeffries intervino ante el secretario de estado Marco Rubio, y eximieron todos los gastos para que la madre pudiese venir a ver a su hijo en Miami en los siguientes juegos.
Fué una historia con final feliz que mantiene sobre el tapete al humilde futbolista, que disfrutó del abrazo de la madre y compartió su alegría.
La gloria que duró un suspiro
Pero al otro lado del charco, una historia distinta. El matador toledano Angel Tellez de 38 años, triunfador en Madrid está en el ostracismo.
En 2022 fué triunfador de la Feria de San Isidro y torero revelación de la temporada, además triunfador en la copa Chenel, llegando a torear 22 corridas ese año con 24 orejas
y un rabo.
Pero la gloria se apagó muy pronto. En una voltereta se lesionó el hombro izquierdo y su nombre desapareció de las carteleras. Desde el 17 de julio de 2024 no se viste de luces y su vida de torero se quebró muy joven, pero buscando futuro, se obligó a estudiar y se graduó de fisioterapeuta, profesión que ejerce pero mirando carteles en ferias donde su nombre no aparece, con el castigo del silencio de una exigente profesión.
Vida de contrastes con el mismo espejo
Un portero de 40 años sin club, logra lo imposible, y un torero de 38 años que sabe lo que es pasar bajo el dintel de la puerta grande de la plaza de Las Ventas, al poco tiempo desaparece de los carteles y busca otra profesión para sobrevivir.
Ambos conocieron la gloria pero mientras a Vozinha le tendieron la mano, a Tellez el mundo del toreo le dió la espalda.
El éxito en cualquiera de estas profesiones parece un préstamo que a veces se cobra demasiado pronto.
1 comentario:
Excelente artículo querido Tato
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