Por Germán D' Jesús Cerrada
Hablar del periodista Leopoldo Ramírez Márquez es adentrarse en las fibras mismas de Tovar, recorrer sus calles de ayer, respirar sus costumbres vivas y evocar el eco de una época dorada donde la noticia, la música y el arte se cruzaban en un solo andar. Con exactamente cincuenta años de impecable trayectoria periodística y sin la más mínima intención de soltar la batuta, este tovareño ejemplar lleva tatuado en su ser el amor por su pueblo, el fervor por la Fiesta Brava y una inigualable complicidad con el mundo del espectáculo nacional e internacional, que lo consagra con orgullo como el profesional de los medios más fotografiado junto a las grandes luminarias del continente.
Con Daniel Santos
La historia comenzó un 23 de octubre de 1945 en el Hospital San José, ubicado en el entrañable barrio El Corozo de Tovar. Allí creció forjando su identidad entre los pupitres del Grupo Escolar Coronel Rangel y, más tarde, bajo las exigentes aulas del Liceo Félix Román Duque. Fue durante su juventud liceísta, entre 1966 y 1970, cuando su innata vena artística floreció por primera vez en público al sumarse a la agrupación musical "Los Rítmicos". Con ellos interpretaba sentidos boleros y rancheras, y se convirtió en animador indispensable de las serenatas locales, tocando el cuatro y la guitarra. Al mismo tiempo, su mirada aguda encontró un canal de expresión eterno gracias a un curso de fotografía de un año dictado por el profesor estadounidense Robert Smith, miembro de los Cuerpos de Paz, sembrando la semilla de lo que sería una vida detrás y delante del obturador.
Armando Manzanero y Leopoldo
En 1970, buscando ensanchar sus horizontes, Leopoldo empacó sus sueños y viajó a la capital de la República para ingresar a las aulas de la Universidad Central de Venezuela. Tras finalizar formalmente sus estudios de periodismo en 1977, el destino le otorgó su verdadero bautizo de fuego académico e institucional al ingresar como redactor de noticias en el Palacio de Miraflores en agosto de ese mismo año. Bajo la dirección del también tovareño Nicolás Rondón Nucete en el Departamento de Prensa, Leopoldo pasó sus primeros seis meses seleccionando minuciosamente los cables de agencias internacionales como Associated Press, United Press International, France Presse, EFE y Prensa Latina, un ejercicio riguroso que afinó su olfato informativo antes de lanzarse a la redacción oficial de las actividades presidenciales.
Sus primeros pasos en Miraflores con Carlos Andrés Pérez
Pronto pasó a liderar equipos periodísticos en giras nacionales e internacionales, acompañando con celo profesional a los mandatarios Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins. En el palacio presidencial aprendió que la palabra escrita equivalía a un documento oficial y que la presión era un habitante más de los pasillos, compartiendo anécdotas con veteranos del oficio.
De aquellos días de intrigas y alta responsabilidad, recuerda con nitidez la frase que le soltó un viejo colega de redacción: "A nosotros nos pagan no por lo que escribimos, sino por lo que dejamos de escribir".
En plena faena periodística con Luis Herrera Campins
Su lealtad a la provincia jamás flaqueó. Estando en el corazón del poder político, Leopoldo se las ingeniaba para transmitir tubazos informativos de trascendencia nacional a Radio Occidente de Tovar, tales como el fallecimiento del magnate Eugenio Mendoza o el rescate en Maripa, estado Bolívar, del industrial estadounidense William Niehous el 29 de junio de 1979. De su trato con el presidente Pérez atesora la cordialidad de su despedida del poder, cuando en un almuerzo ofrecido al grupo de prensa les aseguró con desparpajo que si el nuevo gobierno los removía, ya había coordinado con Gustavo Cisneros para que tuvieran una oportunidad en Venevisión.
Billo Frometa y Leopoldo
Paralelamente a su andar civil, la pasión taurina de Leopoldo corría con fuerza, heredada de aquellos días de infancia cuando su padre lo llevaba de la mano a las corridas en La Plazuela. Tovar, pueblo taurino por excelencia, marcó su estética. Vio pasar por arenas locales a novilleros punteros sedientos de alternativa como Lucio Requena y César Faraco, y tuvo el privilegio de ver torear en traje corto al mítico Luis Sánchez "El Diamante Negro" en las diversas plazas portátiles que animaban las ferias de antaño.
Con Simón Díaz
Sin embargo, es su estrecha relación con la farándula lo que le otorga un brillo singular a su archivo personal. Leopoldo Ramírez Márquez posee el privilegio de haber entrevistado y posado junto a las leyendas musicales más grandes de nuestra lengua. En su colección de vivencias y retratos resplandecen figuras de la talla de Renato Capriles, Billo Frómeta, Cheo García, Memo Morales y Roberto Antonio; ídolos internacionales como Raphael, Juan Gabriel, Vicente Fernández, Leo Dan, Armando Manzanero y el inolvidable Daniel Santos; así como los próceres de nuestro folklore Simón Díaz y Reinaldo Armas.
Incluso el humor de América Latina quedó registrado en su lente al compartir con Roberto Gómez Bolaños "Chespirito" y Florinda Meza. De todas sus andanzas artísticas, ninguna ha superado la profunda huella que dejó en su corazón la cantante española Rocío Dúrcal, quien con su sencillez, dulzura y pulcritud de trato lo cautivó para siempre durante una entrevista.
Florinda Meza y Leopoldo
Toda esta impecable y fructífera trayectoria le ha hecho merecedor de importantes reconocimientos a nivel local y nacional, entre los que destacan el Premio Municipal de Periodismo en Tovar, la Orden al Trabajo, la Orden Don Tulio Febres Cordero y la honrosa distinción de Ciudadano Ilustre de Tovar.
Hoy en día, el veterano comunicador sigue tan vigente como en sus años mozos. Su voz continúa acariciando las ondas hertzianas a través de la radiodifusión, manteniendo vivo el contacto con sus oyentes mediante un programa diario de lunes a viernes dedicado exclusivamente a enaltecer la música venezolana, reservando los días sábados para deleitar a su audiencia con las rancheras y acordes de la música mexicana. Por espacio de 25 años en la Emisora Mocoties 104.9 F.M.
Leopoldo Ramírez Márquez encarna, en definitiva, el espíritu inquebrantable del periodista tovareño: un hombre que supo registrar la historia grande de la nación sin perder jamás el pulso, la sonrisa ni el orgullo por su amada tierra natal.
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