Por Germán D' Jesús Cerrada
Entrar al Restaurante de Diego Velázquez es, sin lugar a dudas, cruzarse con un auténtico rincón taurino grabado a fuego en el corazón de España.
Ubicado en el enclave residencial del barrio de El Bercial, en la calle Ramón Rubial número 6 de Getafe (Madrid), este templo gastronómico se erige como una referencia consolidada en la zona sur madrileña. Su excelente ubicación lo hace sumamente accesible, tanto en transporte público como en vehículo particular, contando con cómodas opciones de aparcamiento en los alrededores.
Con un horario amplio que abarca desde los primeros desayunos hasta bien entrada la madrugada (de martes a domingo, el local siempre está listo para dar la bienvenida.
Tenía ya varios años sin volver, pero los buenos recuerdos no se borran. Al entrar, lo primero que hice fue preguntar por Antonio, aquel amable e inolvidable mesonero español con quien tuve el placer de compartir en visitas anteriores y de quien recordaba con cariño su afición como coleccionista de monedas. Al atendernos, nos contaron la entrañable noticia de que Antonio ya se ha jubilado, dejándonos una grata nostalgia y el recuerdo vivo de la solera de este lugar.
En esta ocasión especial, tuve la dicha de regresar acompañado por mis sobrinos Miguel Eduardo, Keila, Victoria y nuestra gran amiga Tzeitel, todos venezolanos que llevan ya varios años afincados y haciendo hogar en España.
Nada se compara a reunirse en una mesa y tomarse una buena caña —como cariñosamente llaman aquí a la cerveza bien tirada en vaso pequeño— acompañada siempre de esa deliciosa tapa tradicional que alegra el alma y abre el apetito.
El duende de Las Ventas en cada rincón,
visitar el salón principal del Restaurante de Diego Velázquez es como transportarse de golpe al albero de la monumental plaza de Las Ventas. Todo el espacio respira y vive la historia viva de la Fiesta Brava.
Impresionan en sus paredes las cabezas de toros bravos que saltaron al albero de Las Ventas, astados a los que diestros de época les cortaron las orejas tras memorables faenas para abrir de par en par la anhelada Puerta Grande.
Acompañando estos majestuosos vestigios, docenas de fotografías, retratos y pasajes taurinos decoran cada pared.
Detenerse a mirar cada cuadro es descubrir un fragmento de leyenda, un homenaje a los toreros que ayer llenaron de gloria la tauromaquia y que hoy siguen vivos en la memoria de este rincón.
Pero el Restaurante Velázquez no vive solo de recuerdos y afición; su propuesta culinaria rinde un tributo insuperable a lo mejor de la cocina española y mediterránea.
La atención en mesa es de primera, sumamente cercana y atenta, y los platos destacan por ser generosos, abundante y llenos de ese sabor casero que invita a prolongar la sobremesa.
En definitiva, Las Ventas de Velázquez es un lugar para sentirse a gusto, celebrar en familia, saborear una propuesta gastronómica excepcional y dejar llevar la imaginación por inolvidables faenas taurinas escritas en sus paredes y en su carta. ¡Un rincón imperdible al que siempre dará gusto volver!
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