sábado, 31 de octubre de 2026

De la tregua al esperado dorado de América

Por: Jorge Cepeda
Periodista de investigación y cronista taurino

En esta segunda entrega de El cerrojazo de la campaña europea invita a una reflexión que va más allá de los anuncios a la realidad de lo que sucede en los ruedos. 

Un escalafón hinchado rara vez equivale a gloria artística. Este año, la temporada dejó verdades incontestables.

Mientras Alejandro Talavante sumaba 61 festejos entre destellos de genio y alarmantes desganas, el verdadero pulso ético lo sostuvieron la épica consolidación de Borja Jiménez, el triunfador moral, y la regularidad de un Roca Rey que sigue cargando con el peso del engranaje empresarial. A su lado, David de Miranda aportó frescura a la temporada, y Morante de la Puebla volvió a demostrar en Sevilla que su toreo añejo detiene el reloj.y que hace falta a estas alturas de la fiesta taurina, pese a sus altibajos. No es como en los buenos tiempos cuando un Jesulín de Ubrique, quien en la temporada de 1995 alcanzó la cifra de 161 corridas toreadas en un solo año.
En el rejoneo, Diego Ventura dictó cátedra en Las Ventas como mandón indiscutible, escoltado por Andy Cartagena y la falta de jóvenes que vengan a arrear.
 
En el escalafón menor, la savia nueva se abrió paso con los sólidos pasos de Julio Norte, el triunfo de Álvaro Serrano en Madrid y un imberbe Marco Pérez que quema etapas a velocidad de un rayo para subir.

Para quien ha consagrado su vida a medir el pulso de la Fiesta, duele ver que el abono español se ha vuelto un bucle predecible. Las empresas optan por repetir nombres trillados antes que abrir portones a la renovación y toreros que no terminan de marcharse. Vemos a una saturación de coletas de la vieja guardia que estiran trayectorias de forma artificial, acaparando los puestos de privilegio.

Esta sequía de novedades se agrava con el peaje de la sangre en algunas ferias. La enfermería desnudó la fragilidad física y las costuras de una estructura que no tiene un abc definido, como debe ser en la fiesta. Román pagó el tributo más caro en Las Ventas, pero su vuelta a la cara del toro justificó su campaña. Los percances de Isaac Fonseca y las intermitencias de Morante demostraron que la casta sigue intacta, aunque también evidenciaron que el sistema prefiere maquillar carteles antes que arriesgar con los de abajo.

La lectura crítica obliga a mirar hacia América, eje clave de los abonos peninsulares. El peruano Andrés Roca Rey justificó sus contratos tras firmar una campaña monumental de 58 tardes y más de 115 orejas, triunfando en La Maestranza y Las Ventas. Sebastián Castella revalidó su sitio en la aristocracia con 48 paseíllos y una faena de peso en San Isidro.

Por la línea del pundonor, en ser el único que hace temporada es el venezolano Jesús Enrique Colombo que sumó 11 durísimas corridas con 21 orejas y un rabo, puntuando con hombría en Pamplona y Zaragoza antes de afrontar su etapa en solitario en la actualidad para venideras fechas. Junto a él, la entrega de Isaac Fonseca, la elegancia de Juan Pablo Sánchez y la lección de pureza del novillero Bruno Aloi en Madrid encendieron la esperanza azteca.

La llegada del invierno reabre el tópico de «hacer las Américas», que hoy suena más a nostalgia colonial que a realidad financiera. El mapa de la abundancia se ha reducido a un archipiélago de resistencia. La Monumental de México sufre un laberinto judicial; en Venezuela, el Nuevo Circo o Maracaibo son fantasmas, y la actividad recae en San Cristóbal, Mérida y Tovar. Donde la misma empresa “Fiesta Brava”anunciara dentro de poco los carteles de estas dos ferias que acaparan la atención de los venezolanos, donde por fin se deslumbra una luz a corto plazo.

En Colombia, la Santamaría de Bogotá sigue clausurada, Cartagena duerme el sueño de los justos y Cali con Manizales resiste como último bastión. Para los profesionales, el invierno ya no es un oasis: solo las figuras aseguran contratos, mientras los modestos rascan fechas en el campo peruano —el auténtico pulmón económico— y en México.

Las cartas están sobre la mesa. Con los clarines a punto de sonar al otro lado del charco, la última palabra la tiene la afición. Que Dios reparta suerte en esta nueva cruzada…

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