Por Germán D' Jesús Cerrada
La tauromaquia venezolana está de fiesta. El Cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo, el gran pastor de los Andes y una de las mentes más prolíficas de la historia eclesiástica nacional, arriba hoy a sus 82 años de edad.
En el orbe taurino, su figura trasciende el báculo y la mitra, convirtiéndose en el gran referente de la fe, la cultura y la pasión por el arte del buen toreo en Venezuela.
Su afición brava nació en su temprana juventud durante su estancia de formación en España, donde aprendió a entender y admirar la pureza del arte de Cúchares.
Sin embargo, fue en la Mérida andina —donde ejerció un histórico episcopado durante más de tres décadas— donde esa semilla taurina floreció definitivamente, impregnando su vida pastoral de una cercanía única con la afición y las tradiciones de los pueblos taurinos de la región.
Es una imagen habitual y entrañable ver al jerarca eclesiástico en el callejón y en las barreras de los cosos taurinos más emblemáticos del país.
Desde la Monumental Román Eduardo Sandia de Mérida, pasando por la Plaza de Toros de Pueblo Nuevo en San Cristóbal, hasta el Coliseo El Llano de Tovar, el Cardenal Porras ha compartido el fervor de las grandes ferias, fundiéndose entre los aficionado de sol y sombra.
Más de una vez se le ha visto agitar con entusiasmo el pañuelo blanco desde su localidad para exigir a la presidencia las orejas de ley o respaldar con criterio la petición de indulto para un toro bravo de nota.
Pero su vivencia de la fiesta no se limita a la condición de espectador apasionado. El purpurado ha sentido de cerca la mística del campo bravo, estando presente en múltiples tentaderos en ganaderías venezolanas y españolas, donde ha compartido faenas con toreros, novilleros y ganaderos.
Su afición lo ha llevado incluso, en inolvidables momentos de intimidad taurina, a tomar la muleta con naturalidad y compostura para pegar pases a alguna vaquilla, demostrando el temple y el respeto que le professa a la profesión.
Su presencia en los patios de cuadrillas bendiciendo a los diestros antes del paseo de ley es una estampa clásica que une el amparo espiritual con el valor del torero.
Como Cronista Oficial de la Ciudad de Mérida, el Cardenal Porras también ha plasmado su vasta erudición en defensa de la tauromaquia como patrimonio cultural y folclórico de los Andes y de Venezuela, destacando siempre el valor antropológico y artístico de la fiesta brava dentro de la identidad de nuestras ciudades feriadas.
A sus 82 años, ya retirado de las responsabilidades de la sede episcopal como Arzobispo Emérito de Caracas, continúa recorriendo plazas, ferias y redes sociales con una vitalidad admirable.
Desde las salas de prensa, los tendidos y los medios taurinos, hoy la afición de Venezuela y del mundo le rinde un cálido homenaje al Cardenal taurino: ¡Dios le guarde muchos años más de vida, salud y afición!
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