Cuentos y Verdades de Álvaro Sandia Briceño
Por: Germán D' Jesús Cerrada
En las elecciones presidenciales de diciembre de 1968, nuestro país vivió una semana de intenso suspenso. El apretado margen de votos que separaba a los candidatos de COPEI, Rafael Caldera, y de Acción Democrática, Gonzalo Barrios, se estrechaba a cada instante.
El Consejo Supremo Electoral se declaró en emergencia y solicitó a las partes en contienda una revisión exhaustiva de todas y cada una de las actas de escrutinio de las mesas del país. Recuerdo que en el avión de Oscar de Guruceaga vino Haydée Castillo a buscar las actas de Mérida para luego recoger las de Táchira, Trujillo, Barinas y Apure. En la aeronave de Fucho Tovar se buscaron las de los estados orientales y en otros aviones privados las del resto del territorio.
Abogados de ambos partidos trabajaron sin descanso hasta que, tras seis días de revisión, el CSE declaró ganador a Rafael Caldera por poco más de 30.000 votos.
El Presidente electo visitó las redacciones de los diarios más importantes de la capital, comenzando por El Nacional, diario que le había declarado una guerra sin cuartel a su candidatura, donde fue recibido por Miguel Otero Silva y la plana mayor de la directiva.
En todas esas visitas lo acompañó Luis Alberto Machado, quien luego sería su Secretario de la Presidencia. Días antes de tomar posesión, Caldera designó a sus ministros y gobernadores, nombrando para el estado Mérida a Germán Briceño Ferrigni, presidente del Comité Regional de COPEI y líder indiscutible de la agrupación socialcristiana.
Una vez al frente de la Gobernación, Briceño Ferrigni estructuró un calificado tren ejecutivo: Alberto López Oliver como Secretario General de Gobierno, Oscar Alfonso Lujano como Director de Obras Públicas del Estado, Teodemiro Barboza en la Dirección de Asistencia Social, Rigoberto Vásquez en Educación y el joven arquitecto Claudio Corredor Müller al frente de la recién creada Dirección de Turismo. Entre sus más cercanos colaboradores figuraron José Alí Dávila García, Jesús Marrero Carpio, Gastón Gutiérrez, Eurípides Moreno, Omar Dávila Araque, Jorge Pineda Corredor, Javier Picón, Luis Rivas Lamus, Ricardo Corredor, Alfonso Ramírez Ponce y Elba Teresa Valeri.
Una de las primeras reuniones del Gobernador y sus directores fue con los Presidentes de los Concejos Municipales —todos en manos de COPEI—, el Director General del INCOATE, Adolfo Melchert, y el suscrito como Secretario Ejecutivo. En aquel encuentro, el Gobernador solicitó un informe preliminar del estado de cada dependencia.
Al ser interrogado el Ingeniero Lujano sobre las obras iniciadas por el gobierno anterior, respondió que casi todas habían sido inauguradas antes de los comicios, pero que quedaban varias en ejecución. La respuesta del Gobernador fue tajante: "Todas esas obras deben continuarse, porque nadie se acuerda de quién las empezó, pero sí de quién las inaugura".
Al Economista Marrero, Tesorero del Estado, le preguntó con el gracejo andino que le caracterizaba: "¿Cómo estamos de cobres?", a lo que Marrero respondió: "Muy mal, porque lo que nos queda en caja son los dozavos, que son intocables y para pagar los sueldos y salarios de cada mes".
Escuchado esto, el Gobernador sentenció ante los presentes: "Lo que han oído de que no tenemos plata no debe salir de aquí, porque nadie le fía a un limpio".
Concluida la reunión, el Gobernador me invitó a su despacho y me dijo: "Vamos a llamar a todos los amigos que tienen constructoras para que se encarguen de las nuevas obras que vamos a iniciar. Tengo la promesa de Lorenzo Fernández (Ministro de Relaciones Interiores) y del Dr. Pedro Tinoco hijo (Ministro de Hacienda) de que con el presupuesto del año próximo vamos a pagar todas las deudas que asumamos este año en obras públicas".
De inmediato citó a destacados constructores: Siro Febres Cordero (Constructora Life), Edgar Espejo (Esfega), Pablo Andrés Díaz (Ticapsa), Claudio Ramírez Corredor (Pilperca) y Pedro Grespan (Constructora Grespan), con quienes concretó entrevistas para las semanas siguientes.
Así se dio impulso a obras de enorme envergadura como la Avenida Andrés Bello, el tramo de la Carretera Panamericana desde Ejido hasta Puente Los Mamones, el Estadio Guillermo Soto Rosa en Mérida, el Estadio de Béisbol Acacio Sandia Ramírez en El Vigía, el Gimnasio Cubierto Monseñor José Rafael Pulido Méndez en Tovar, al tiempo que se continuaba la construcción del Hospital Universitario y el Viaducto de la Calle 26.
El famoso lema "Hechos y no palabras" surgió de una conversación privada entre el Gobernador y el suscrito, donde le recordé la conocida frase del General Juan Domingo Perón en Argentina: "Mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar". El Gobernador tomó nota de la idea y la condensó en la célebre fórmula "Hechos y No Palabras", la cual, plasmada en avisos a lo largo y ancho de todo el estado Mérida, le recordó por siempre a la ciudadanía la extraordinaria y eficaz labor de su gobierno.
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