El Centinela del Callejón: Luis M. López Aramacuto, 37 años de casta fotográfica tras el visor y su inseparable pañueleta de mil batallas.
Germán D' Jesús Cerrada
En el fascinante y místico Mundo del Toro, la mayor sorpresa no siempre brota de la muleta, sino de las amistades que se forjan al abrigo de las tablas; esos cómplices de callejón que, entre tanda y tanda, comparten la liturgia de la palabra.
Allí me topé con un personaje de dinamismo eléctrico y verbo fluido, un hombre que parece llevar el compás de la corrida en su andar y una pañoleta taurina como estandarte de identidad: Luis M. López Aramacuto.
Cambio de Trastos: Por un rato, el fotógrafo le cede la cámara al arenero; en el callejón, hasta el oficio más humilde tiene ojo para el arte.
Al indagar en sus raíces, responde con el orgullo de quien conoce su estirpe: su segundo apellido es un eco ancestral de los indios de Clarines, una herencia oriental que le otorga esa fijeza en la mirada y ese temple caraqueño.
Próximo a cumplir 55 agostos, Luis es ya una institución itinerante en las ferias de San Cristóbal, Tovar y Mérida, donde desde hace 37 años caza instantes con la precisión de un estoque de plata.
Su lente es una rebelión contra lo obvio. Mientras las mayorías buscan el natural perfecto, Luis se obsesiona con la fotografía inédita, ese submundo de detalles invisibles donde la Fiesta se desnuda y nadie más repara.
El Alma en un Hilo: "El aficionado en apuros". Luis capta ese instante donde toda la plaza olvida el ruedo para hacerse solidaria en el tendido.
Recorre el callejón con la sagacidad de un lince, buscando ese ángulo imposible que dote de eternidad a lo efímero, pero siempre con un ojo en la arena y otro en la madera, midiendo los terrenos por si un toro decide, por derecho propio, saltar al callejón a interrumpir su encuadre.
Pero tras el visor de su cámara habita un hombre de una solvencia admirable: Administrador jubilado del Banco Central de Venezuela, institución donde sembró 34 años de impecable trayectoria, forjando una disciplina que hoy traslada a su labor como paramédico, rescatista y técnico en emergencias. Se confiesa un "adicto" a la seguridad, un hombre que sabe que, tanto en la oficina como frente a los pitones, la prevención es la clave de la gloria.
Cristal de Solera: No es la copa rota de la canción, es el brillo de la tarde custodiado en un detalle que solo un ojo veterano sabe revelar.
La vida de Aramacuto es un polifónico mosaico de pasiones que desafía al reloj. No solo es el guardián de la salud en el trabajo, sino un hombre de diamante y grama: anotador y árbitro de béisbol y softbol, con el pecho henchido al mencionar la Liga Nacional de Béisbol Interobrero, la reserva moral y deportiva más longeva de Caracas.
Antes de colgar el traje de oficina en el banco, se blindó con el conocimiento del bienestar, convirtiéndose en instructor de pilates, yoga y movilidad funcional. Con semejante inventario de vida, el aburrimiento es un bicho que no entra en su muleta; vive en una ocupación constante, un movimiento perpetuo que lo ha llevado a plazas de España, México y Perú, siempre con la nostalgia de aquel sueño de ser picador que el tiempo, con su franqueza brutal, decidió archivar por una cuestión de almanaques.
Geometría del Valor: Como bien dice Luis, "el ángulo dice mucho". Una perspectiva inédita que rompe el molde para encontrar la esencia de la lidia.
Egresado de la Escuela de Fotografía de la UCV, Luis descubrió el amor entre químicos y sombras, quedando prendado de la mística del blanco y negro, esa alquimia que aún custodia celosamente en su vieja Pentax analógica con un lente de 200 mm.
Esa antorcha visual ya tiene relevo en sus hijos, Nelson y Luis Guillermo, quienes bajo su tutela han florecido como artistas del diseño, la fisiatría y la producción, demostrando que el talento en los López corre como un toro bravo: con casta y recorrido.
Crónica de Colegas: Aramacuto retrata a Germán D' Jesús Cerrada y Jorge Cepeda en pleno fragor informativo; los ojos de Notiferias tras la noticia.
Desde los recuerdos infantiles de Curro Girón, El Niño de la Capea y Eloy Cavazos, hasta la madurez compartida con Leonardo Benítez o Bernardo Valencia, Luis ha evolucionado hasta admirar la entrega de "El Fandi", Padilla o el eterno Fandiño.
Hoy, sus fotos inéditas viajan como cartas de asombro hacia sus amigos, recordándonos que, en manos de Luis, la realidad siempre guarda un secreto que solo él sabe revelar.
1 comentario:
Hoy me siento orgullosa de ser tu amiga, de conocerte desde hace 35 años y ser y haber sido parte de tu vida, te deseo muchos más éxitos, como siempre con mucha convicción y propósitos
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